CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— El policía federal Juan Hernández desapareció el 20 de febrero de 2011. Desde entonces, su madre, Patricia Manzanares, lucha por encontrarlo, rechazando versiones oficiales que considera ilógicas y enfrentando el desdén de las autoridades.
El joven, quien entonces tenía 22 años, desapareció junto con un compañero cuando estaba comisionado en el municipio San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Se alojaba en un hotel en el que compartía habitación con otros tres policías.
Lo primero que Patricia Manzanares puso en duda fue cómo podía ser que su hijo hubiera desaparecido en un hotel en que había “muchos elementos de seguridad, sin que ninguno se diera cuenta de qué pasó”.
Después, comenta en una entrevista, le empezaron a dar varias versiones sobre lo ocurrido. Una de ellas era que Juan y su compañero fueron a beber a un bar y a su salida los levantaron.
También se le intentó convencer de que su hijo está muerto. Una vez le enseñaron un vídeo en que se veía cómo unos delincuentes degollaban a cuatro policías.
“Uno de los comandantes me decía que una de las cabezas era de mi hijo” narra la madre del agente.
Dice que lo que buscan las autoridades es que los familiares firmen la presunción de muerte, pero ella nunca ha accedido.
Otros miembros de las fuerzas de seguridad”.
Este último aspecto implica otra complicación, la duda de cómo se “autoinvestiga” el Estado.
