Las naciones que reciben migrantes obtienen ventajas culturales y económicas, pero no todos valoran y aceptan esto por temor a perder oportunidades, señalan expertos
CIUDAD DE MÉXICO (Por Elia Baltazar, corresponsal de Diario de Yucatán/AEE).— Nunca es tarde para migrar. Elena Nikolenko, a los 40 años, vino de Rusia a México sin más referencia que lo básico de su cultura y las telenovelas mexicanas trasmitidas por la televisión rusa. Ni una palabra en español había en el equipaje de esta maestra de música que en 2005 empacó su vida y atravesó 10,216 kilómetros de tierra y mar.
“Llegué sola, sin pensar en quedarme a vivir”, comenta Elena, quien encontró en México más oportunidades que en su propio país, donde se había formado como pianista acompañante de ballet, pero no había pasado de las clases para niños. Sin posibilidades de avanzar en la música ni libertad para hacer otras cosas, no dudó en aceptar una oferta de trabajo en México que le hizo un conocido.
“Este es un país de oportunidades”, afirma Elena Nikolenko, feliz y agradecida con México. “Aquí he podido acompañar a los bailarines más famosos del mundo y me convertí en pintora”. Además, la gente es buena, afirma. Para comprobarlo, basta el gesto de un compañero suyo que se acerca para regalarle un helado, en medio de una primavera que sofoca a Ciudad de México. “A esto me refiero: las personas siempre han sido muy amigables conmigo”.
Pero aunque los vientos son favorables en un nuevo país, siempre hay hábitos locales que sacuden, modos que confunden, manías que desesperan. Elena ha pasado bien la prueba de la comida y las costumbres, pero todavía le cuesta la impuntualidad del mexicano y su falta de disciplina. Sin embargo, no extraña el carácter “rígido” de Rusia. En Elena se han mezclado costumbres y culturas, un valor que aportan las migraciones a las sociedades modernas.
“Históricamente se ha demostrado que las naciones que reciben migración obtienen ventajas al enriquecer su cultura”, afirma Rodolfo Casillas, experto en historia, relaciones internacionales y migración.
Incluso en los casos de la llegada masiva de extranjeros, que en un primer momento implican alguna desorganización o alteración del orden establecido, en el mediano y corto plazos siempre habrá un resultado positivo de esa confluencia y ese intercambio cultural que ocurre con las migraciones, subraya.
Pero no todo el mundo reconoce las aportaciones de los migrantes ni el derecho de las personas a cambiar de país para mejorar o incluso salvar su vida. En un mundo que defiende el libre tránsito de mercancías, por todos los rincones del planeta, aun en los países más hospitalarios y con una larga tradición de recepción de migrantes, se levantan voces y leyes que apuntalan fronteras frente al extranjero: ese ciudadano nómada que busca un mejor destino.
“Vivimos en Estados que se plantean la necesidad de proteger sus fronteras en un momento histórico de globalización, que se ha abanderado por ejemplo en temas económicos y que ha apoyado el movimiento de ciudadanos de sus países libremente, pero a la vez reivindican las fronteras y el hermetismo”, escribió la internacionalista Laura Nossa, investigadora del instituto Pensar de la Universidad Javeriana de Colombia.
Contradicciones
Son las contradicciones de un mundo globalizado, que mide a los migrantes con distinta vara de acuerdo con su situación. Las leyes no ofrecen el mismo trato a las personas calificadas, con estudios superiores y de posgrado, que a los migrantes obligados a dejar sus lugares de origen por guerras, pobreza, tragedias humanitarias y desastres naturales. Son los desplazados que en las últimas dos décadas han alcanzado cifras récord en el mundo, de acuerdo con la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
Sus cifras advierten que cada minuto al menos 20 personas se convierten en nuevos desplazados y que la población mundial de personas desplazadas a la fuerza aumentó de 33.9 millones en 1997 a 65.6 millones en 2016, una cifra récord en la historia, producto de conflictos armados o dificultades económicas alrededor del orbe.
En años recientes, a partir de las migraciones masivas de países en guerra como Siria, de donde huyen familias enteras en busca de refugio en países europeos, los conflictos migratorios llaman cada día más la atención.
Frente a estos refugiados, los Estados y los ciudadanos a veces prefieren hacer a un lado el sentido humano universal y solidario que promueven los derechos humanos, con argumentos como los costos económicos que significan para una sociedad tratar con refugiados, explicó en un artículo la investigadora colombiana. En su preocupación, antes que la vida de la gente desesperada, están los gastos presupuestales de sus sistemas de salud o de educación.
Pero al mismo tiempo, esos países se benefician de la economía ilegal que generan los inmigrantes, pues las personas indocumentadas generan riqueza a cambio de salarios irrisorios. Otra vez, la contradicción de un mundo globalizado que defiende derechos humanos, viola derechos laborales y se beneficia económicamente de los más desprotegidos.
Llaman
En su libro “Extraños llamando a la puerta”, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman lo describe así: “En las zonas desarrolladas del planeta en las que tanto migrantes económicos como refugiados buscan acogida, el sector empresarial ve con buenos ojos e incluso codicia la afluencia de mano de obra barata, cuyas cualificaciones diversas ansían rentabilizar”. Sin embargo, sigue, “para el grueso de la población, acuciada ya por una elevada precariedad existencial y por la endeblez de su posición social y de sus perspectivas de futuro, esa afluencia no significa otra cosa que enfrentarse a más competencia en el mercado laboral, a una mayor incertidumbre y a unas decrecientes probabilidades de mejora”.
México Aportación
Del trabajo que aportan los centroamericanos en México no se sabe mucho.
Cosecha de café
“El 100% de la cosecha de café la levanta mano de obra guatemalteca”, afirma Roberto Casillas.
Importante aportación
Esto, porque México no tiene la experiencia suficiente para levantar un cultivo, indica el experto. Por lo tanto, la aportación de estos trabajadores agrícolas es muy importante.
