Arribe

Cardenal Aguiar Retes celebra la Misa de las Rosas

CIUDAD DE MÉXICO (Notimex y El Universal ).— Más de 10 millones de peregrinos, según cifras oficiales, se congregaron los días 11 y 12 de diciembre en la Basílica de Guadalupe, en el 488 aniversario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac.

En el atrio se ofreció abrigo y comida a fieles y visitantes nacionales y extranjeros, quienes cobijados por la Guadalupana fortalecieron la unidad familiar y renovaron la esperanza de que las cosas irán cada día mejor.

Otros tuvieron oportunidad para pedir a la Virgen les ayude dejar el cigarro, el alcohol e incluso las drogas. Casi todos aprovecharon la visita al templo mariano para recorrerlo, tomarse la foto del recuerdo solos o con la familia en el Pocito, la Antigua Parroquia de Indios o de las Capuchinas. No pocos degustaron las tradicionales gorditas, las quesadillas o las galletas de La Villita.

La mayoría llegó la víspera del día 12. Por los diversos caminos que conducen al atrio se les vio llegar de rodillas, a pie, en bicicletas, mototaxis, servicio público, autos particulares e incluso autobuses rentados.

Rodolfo, de 56 años llegó, a la Basílica para agradecer a la Virgen un año más de vida y pedir protección para sus familiares y amigos.

Al hombre originario de Xochimilco lo acompañó un grupo de jóvenes en mototaxis, entre quienes iba su hijo Raúl, de 18 años. “Venimos de Xochimilco a la Villa. Yo tengo un taller de bicicletas, los muchachos trabajan en un bicitaxi. Venimos a renovar nuestra fe a la Basílica de Guadalupe”.

Salomón Peña, proveniente de Hidalgo, participó en la danza “Sangre hidalguense” en el atrio.

“Ya llevamos como 10 ó 12 años que nos hemos organizado, más que nada para agradecer a la Virgen por salud, trabajo y bienestar en la familia”, expresó Salomón, de 35 años.

En otro punto del atrio descansan, tras recorrer varios kilómetros en bicicleta desde Toluca, Estado de México, varios adolescentes como Pablo José Sánchez Flores, de 13 años. “Le pedí a nuestra patrona que nos cuide y no nos pase nada cuando vayamos de regres”, comentó tras destacar que su mayor preocupación es sacar malas calificaciones.

En la tradicional Misa de las Rosas, el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, aseguró que el desarraigo de la familia es una de las principales causas por las que la sociedad vive en la inseguridad, violencia y en el atropello de la dignidad humana.

“Muchos sectores de nuestra población no han experimentado ser amados y necesitamos restaurar heridas. Recordemos que por eso Dios decidió enviar a María a este país que estaba destrozado, herido, desde sus ideas religiosas y de su concepción de cultura”, dijo.

El prelado recordó que en 1531 María se acercó a San Juan Diego porque comenzaba una época de descomposición social, afectando, sobre todo a las culturas indígenas de México.

“La prisa de María por acercarse a Juan Diego en esa fecha fue porque ya empezaban los síntomas más fuertes de la descomposición de las distintas culturas indígenas de nuestro país. Presurosa vino al Tepeyac para decirle a este pueblo: ‘Aquí estoy, soy tu madre, confía”. El cardenal enfatizó la necesidad de sentirse amado para no caer en actos de violencia y encontrar la fortaleza para salir adelante.

“Lo que sucede en el cariño y en el amor encuentra la fuerza para afrontar y superar adversidades, esa es la razón por la que estamos aquí”, expresó.

 

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