CIUDAD DE MËXICO (EFE).— Un estimado de cerca de 11 millones de peregrinos abarrotaron la Basílica de Guadalupe para rendirse a los pies de la Virgen sin restricción alguna, después de que las medidas sanitarias por el Covid limitaran en años anteriores la devoción por la Madre de México.
Fieles de todos los rincones del país, así como extranjeros, se congregaron para celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe y agradecerle sus bendiciones y a pedir, entre otras cosas, que interceda por sus familiares.
“Es la Madre de México, la de todos, y venimos a pedirle por una nieta que enfermó”, dijo Sofía Ruiz, quien peregrinó a pie durante tres días junto a su esposo, dos hijas, yernos y nietos.
Frente a las tiendas de campaña en las que durmieron anteanoche, Sofía comentó que el viaje, que realizaron desde el municipio de Amecameca de Juárez, Estado de México, “siempre vale la pena”.
“Damos la vida por venir hacia Ella. Cuando llegas sientes emoción, lloras, gracias a Dios te dejó venir Ella a su casa”, expuso la mujer, quien desde hace cuatro décadas peregrina a la Basílica varias veces al año.
Como ella, cientos de personas pasaron la noche en tiendas de campaña o al raso, tanto en la plaza de la Basílica como en calles colindantes.
La fe por la Virgen de Guadalupe en México se remonta a 1531, cuando la leyenda dice que se apareció al indígena Juan Diego, canonizado en 2002 por el entonces papa Juan Pablo II, en el Cerro del Tepeyac, a cuyos pies se ubica actualmente la Basílica.
La imagen de la Virgen, que muchos feligreses portaron en cuadros, estatuas o banderas para que reciban la bendición, tiene el rostro moreno, motivo por el que es conocida como la “Morenita del Tepeyac”.
De la mano de sus hijas gemelas llegó Mario Plata desde la localidad de La Marquesa, en el Estado de México, quien celebró el fin de las restricciones sanitarias para “disfrutar, caminar con los hijos y darse el gusto de festejar”.
“(Venimos) desde que las gemelas tenían tres meses, y ya van a cumplir ocho años. Les digo a mis hijas que el día que yo fallezca no pierdan la tradición y vengan con mis nietos”, expresó.
Mientras que en 2020 se cerró la Basílica y no se permitieron las peregrinaciones, el año pasado estuvo marcado por la prohibición de acampar en las inmediaciones del templo, el uso obligatorio del cubrebocas y la limitación del tiempo para venerar a la Virgen dentro del recinto.
La prueba de que la pandemia no volverá a trastocar el aniversario de la patrona mexicana la tenía Miguel Aguilar, quien a la entrada del recinto religioso sujetaba un cartel que decía: “Quiero que me des un abrazo fuerte. Me llamo Miguel”.
“Hace 12 años que vengo a la peregrinación. Me encanta que me den un abrazo, que me digan que Dios me bendiga”, comentó Miguel, quien vino a ser apapachado y a pedir a la Virgen por su padre enfermo.
Al pasar junto a él, la familia Plata y Miguel se fundieron en un gran abrazo que les devolvió a la normalidad de otros años.
