CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que no se transparentarán los contratos con la empresa Comercializadora Antsua, proveedora del software Pegasus, empleado para espiar a periodistas y defensores de derechos humanos.
A pregunta de El Universal, el jefe del Ejecutivo federal indicó que su administración no hará públicos esos documentos.
Anteayer martes se informó que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) reservó hasta 2028 los contratos con la empresa Antsua, pese a que el Inai ordenó hacer públicos los documentos del servicio de monitoreo de información remota.
La Sedena argumentó que entregar esa información pone en riesgo la seguridad nacional, porque puede favorecer que integrantes de grupos contra el gobierno y de la delincuencia organizada conozcan la tecnología de inteligencia militar, lo cual serviría para sabotear operaciones del Ejército.
“Tenemos que cuidar nuestra información por seguridad nacional, ya tomé esa decisión y vamos a cuidar la información de las secretarías de Marina y de la Defensa porque estamos siendo objeto de espionaje del Pentágono y muchos medios de información en México están filtrando información que les entrega la DEA”, sostuvo en su conferencia mañanera el martes.
López Obrador criticó que las agencias de seguridad de Estados Unidos realizan un plan injerencista, violando la soberanía de México para buscar debilitar políticamente a su gobierno, pero advirtió: “No nos vamos a quedar con los brazos cruzados”.
Acusa filtraciones
“Está Claudio X. González recibiendo dinero del gobierno de Estados Unidos, la asociación (Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad), y debido a que quieren meterse como era antes, estoy hablando de las agencias, quieren mandar, violar nuestra soberanía, entonces comienzan a filtrar para debilitarnos políticamente, no, la gente nos apoya y apoya a la Sedena, a la Marina y a la Guardia Nacional”, dijo.
Consideró que el hackeo de Guacamaya es parte de ese tema, pero insistió en que el Pentágono esta atrás de las filtraciones.
El lunes pasado el Presidente se reunió en privado con el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar. Al cuestionarle si abordó el espionaje con el diplomático, explicó que habló de “otras cosas” y que sus visitas son casi de rutina.
El mandatario aseguró que tiene la conciencia tranquila con su decisión, pues la Sedena y la Semar no violan los derechos humanos y no espían a nadie “como sucedía en las pasadas administraciones”.
“Lo que queremos es no facilitarles el trabajo a los que están espiando”, dijo.
Expresó que al inicio de su administración dijo que todo sería transparente, pero “se están metiendo. Es como los globos de China, ¿no? Aquí no los vamos a (derribar) con tiradores… ¿cómo se llaman? resorteras”.
Detalló que los casos donde por labores de inteligencia se obtuvieron conversaciones de defensores de derechos humanos —como el del activista Raymundo Ramos, de Nuevo Laredo— fue porque algunos están vinculados con actividades ilícitas, pero rechazó presentar denuncias contra ellos porque “no vamos a convertir en mártir a espías o a empleados de agencias extranjeras”.
Negó que la decisión de reservar la información de las Fuerzas Armadas tenga relación con lo que dio a conocer Guacamaya sobre los viajes del secretario de la Sedena, Luis Cresencio Sandoval y su familia en aviones militares y comerciales con cargo al erario.

