• Rubio realiza una visita de dos días marcada por la cooperación en seguridad con la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum
  • El canciller Juan Ramón de la Fuente recibe al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ayer a su llegada al AIFA, en Santa Lucía

CIUDAD DE MÉXICO (AP y EFE).— El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, inició esta semana su tercer viaje a América Latina con una agenda cargada de temas sensibles para la administración del presidente Donald Trump: seguridad, migración, soberanía, aranceles, comercio y narcotráfico.

Las reuniones en México y Ecuador serán claves para reforzar la estrategia de Wa-shington en la región, aunque el clima político está marcado por tensiones derivadas de las políticas de Trump hacia su vecino.

El mandatario estadounidense ha mantenido una postura de confrontación, recurriendo a amenazas de aranceles y sanciones que han generado desconfianza en varios países. Aun así, México ha buscado mantener la interlocución, consciente de que su vecindad lo coloca en el centro de la relación bilateral más importante para Estados Unidos en el continente.

La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó ayer una reunión nacional de seguridad, en la que participaron gobernadores, fuerzas armadas y autoridades de justicia, en vísperas del encuentro con Rubio.

El objetivo fue mostrar un frente coordinado en el combate al crimen y dar señales de disposición a la cooperación con Washington.

Durante semanas, Claudia habló sobre la posibilidad de un acuerdo integral de seguridad con el Departamento de Estado, el cual incluiría un “grupo de investigación conjunto” para frenar el tráfico de fentanilo y armas. Sin embargo, en su informe de gobierno subrayó: “El pueblo de México bajo ninguna circunstancia aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero que sea lesivo a la integridad, independencia y soberanía de la nación”.

Las expectativas de un acuerdo formal se desinflaron cuando un funcionario estadounidense aclaró que más bien se trata de un memorando de entendimiento para el intercambio de inteligencia, sin compromisos jurídicos.

La Presidenta confirmó ayer mismo que el esquema operará bajo la regla de “ellos en su territorio, nosotros en nuestro territorio, a menos que sea acordada de forma común” cualquier acción distinta.

Claudia enfatizó la importancia de mantener la cercanía con Washington: “Habrá momentos de mayor tensión, de menor tensión, de temas en los que no estemos de acuerdo, pero tenemos que buscar una buena relación”, puntualizó. En paralelo, ha endurecido el combate a los cárteles con más despliegues de la Guardia Nacional y la extradición de 55 líderes criminales solicitados por Estados Unidos.

Pero a pesar de los elogios que autoridades estadounidenses dedican a la colaboración bilateral, Trump ha desestimado públicamente esos esfuerzos. “México hace lo que le decimos que haga”, afirmó el mes pasado, lo que tensó aún más la relación con la Presidenta, quien había rechazado una iniciativa de la DEA para ampliar operaciones conjuntas en territorio mexicano.

Rubio, por su parte, busca consolidar apoyos regionales contra la migración irregular, el narcotráfico y la influencia de China.

El Departamento de Estado aseguró que su viaje mostrará “un compromiso inquebrantable para proteger las fronteras, neutralizar las amenazas narcoterroristas y asegurar un campo de juego nivelado para las empresas estadounidenses”.

En visitas previas, el diplomático cerró acuerdos sobre migración y criticó la expansión china en el Canal de Panamá, marcando la pauta de la estrategia de Washington en el hemisferio.

En esta gira, Rubio también pretende reforzar la cooperación con países que han mostrado disposición a aceptar deportados y a intensificar la lucha contra los cárteles.

Según un alto funcionario estadounidense, casi toda América Latina colabora en la repatriación de migrantes, salvo Nicaragua, y la mayoría de los gobiernos han aceptado el diseño de Estados Unidos, que cataloga a ciertos grupos criminales como organizaciones terroristas extranjeras.

Rubio llega, además, en un contexto en el que Washing-ton presume avances en la contención de la influencia china en la región.

Para la Casa Blanca, asegurar un “patio trasero” libre de rivales estratégicos es tan importante como frenar la violencia del narcotráfico o la migración masiva, objetivos que explican el peso político de su visita a México y Ecuador.

Ayer, preguntado en el avión rumbo a México sobre si Washington planea atacar militarmente a Venezuela, aprovechando el despliegue militar estadounidense en el Caribe, Rubio afirmó que no va “a especular sobre lo que pueda suceder en el futuro”.

Al hablar de un ataque militar a una embarcación en el Caribe, dijo que esta se enmarca en la ofensiva de Estados Unidos contra el tráfico de drogas.

“Esta es una operación antidrogas. Vamos a enfrentar a los cárteles de la droga dondequiera que estén y dondequiera que operen contra los intereses de Estados Unidos”, aseguró el principal responsable de la diplomacia estadounidense, que remitió a los periodistas al Pentágono para más detalles.

El Ejército estadounidense confirmó lo adelantado por el propio presidente Trump y compartió imágenes donde se observa una embarcación siendo monitoreada segundos antes de ser eliminada con un misil.

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