El Tren Maya, granjas porcícolas y la expansión inmobiliaria dejan bajo fuego la selva en la Península de Yucatán; Greanpeace detalla daños
El Tren Maya, las granjas porcícolas y la expansión inmobiliaria dejan bajo fuego la selva en la Península de Yucatán; Greanpeace detalla daños

La agroindustria, las mega granjas porcícolas, la expansión inmobiliaria, los proyectos turísticos y el propio Tren Maya, herencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador y continuada por la presidenta Claudia Sheinbaum con la construcción de un tren de carga, colocan a la Selva Maya bajo “fuego cruzado”, aseguran activistas de Greenpeace.

La organización asegura que tan solo en los últimos cinco años fueron deforestadas casi 300,000 hectáreas, más de lo que se perdió a lo largo de 20 años previos.

“Literalmente la selva arde bajo el fuego cruzado de múltiples industrias que la están contaminando y devastando a un ritmo del cual no podrá recuperarse”, afirmó para Expansión Política Carlos Samayoa, coordinador de la campaña México al grito de ¡Selva! de Greenpeace.

“La Selva Maya es el pulmón más importante de México y el segundo más grande de América, y hoy está bajo la presión de la industria inmobiliaria, hotelera, ferroviaria y otras que solo ven en la Selva la posibilidad de extraer recursos en beneficio propio”, agrega.

La Selva Maya atraviesa una de sus etapas más críticas, pues lo que alguna vez fue un territorio continuo de vida, agua y cultura, hoy está fragmentado por la expansión urbana, las granjas porcícolas y el trazo del Tren Maya, megaproyecto que para las comunidades y organizaciones ambientalistas simboliza un profundo daño al ecosistema ya debilitado, coinciden activistas como el buzo y ambientalista José Urbina, conocido como “Pepe Tiburón” Pedro Uc Be, poeta y defensor maya.

En los últimos cinco años, de acuerdo con Greenpeace, se deforestaron más de 300,000 hectáreas en la península de Yucatán y solo en la construcción del tramo cinco del Tren Maya se talaron más de 10 millones de árboles.

El propio gobierno reconoció hace unos meses la incrustación de 15,000 pilares de gran escala en el suelo kárstico de la zona, lo cual está ocasionando contaminación al acuífero del que dependen especies animales y poblaciones de la Península.

Durante años, ambientalistas entregaron información, propuestas y pidieron un diálogo con las autoridades, sin recibir respuesta, por lo que su llamado a detener la devastación de la selva recobró fuerza en la actual administración encabezada por Claudia Sheinbaum, quien ya presentó una estrategia.

Acciones insuficientes

Unos días antes de la protesta en la Estela de la Luz, la presidenta anunció la creación del Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, junto con Belice y Guatemala, un proyecto que busca proteger 5.7 millones de hectáreas del corazón de Mesoamérica.

Si bien esta medida busca la conservación e integridad ecológica para beneficiar alrededor de 7,000 especies, 200 en categoría de riesgo, 50 prioritarias y 250 endémicas, algunos ambientalistas consideraron que esta medida es insuficiente, pues solo contempla el cuidado de 12 áreas ya declaradas como Áreas Naturales Protegidas.

“Ni una sola comunidad ha sido beneficiada con el Tren Maya, sólo trajo devastación”.

 Pedro Uc, defensor maya del derecho a la tierra.

Los ambientalistas y activistas celebraron que por primera vez se logró abrir un canal de diálogo con autoridades ambientales en una mesa de trabajo, lo que de acuerdo con Aleira Lara Galicia, directora ejecutiva de Greenpeace México, “es un gesto que abre una ventana de esperanza”.

Parte de los acuerdos alcanzados en dicho encuentro fue la instalación de mesas técnicas para abordar la problemática, con la esperanza de llegar a un gran acuerdo que blinde a la selva de los peligros de devastación en los próximos años, pues el planteamiento claro es: suspender nuevas autorizaciones de impacto ambiental hasta que exista un ordenamiento territorial que priorice el equilibrio ecológico por encima del extractivismo.

Mendigar para proteger el territorio en la Península de Yucatán

Si bien ambientalistas vieron con buenos ojos el primer acercamiento con autoridades, organizaciones y comunidades, activistas como Pedro Uc, mantienen cautela.

No basta con que nos reciban, el problema no es que el gobierno no sepa cuáles son los daños, sino que eso es lo que quiere hacer. Lo triste es que tengamos que mendigar un derecho fundamental: proteger nuestro territorio”, dijo, Pedro Uc, defensor maya del derecho a la tierra y miembro de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíinbal.

Como canta Arjona, aquí no es bueno el que ayuda, sino el que no jode

Reprochó además que el Tren Maya ha significado justo lo contrario a la promesa oficial de desarrollo.

“Con su entrada se destruyen cenotes, se arrasa con la selva, se desampara a los animales y se genera un impacto negativo en la naturaleza. El gobierno dice que hace el bien, pero como canta Arjona, aquí no es bueno el que ayuda, sino el que no jode”, señaló.

El panorama, lamentó el defensor, es crítico.

“Hemos encontrado selvas devastadas, cenotes destruidos, pueblos inseguros, desapariciones forzadas, mujeres violentadas, desempleo y desplazamiento. Eso es lo que tenemos hoy”, dijo.

Con el la obra del Tren Maya llegó la destrucción de la selva

Desde el inicio de la construcción del Tren Maya en diciembre de2018, con la llegada de AMLO, los defensores de la selva advirtieron lo que vendría: extracción de recursos naturales, deforestación, contaminación y desplazamientos. Problemas que, en sus palabras, se han agravado año con año.

Se ha inaugurado por partes desde diciembre de 2023 y aún no está terminado, pues falta la parte de carga, cuya construcción apenas en abril de 2025 la presidenta Claudia Sheinbaum puso en marcha, con el objetivo de transportar mercancías.

El megaproyecto recorre 1,554 kilómetros en Tabasco, Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo.

Incluye seis hoteles ya en operación y se prevé que para 2028 cuente con un sistema de carga integrado por 10 complejos y cinco terminales intermodales.

“El Tren Maya es un caballo de Troya”: deforestación, contaminación y desplazamientos

Pedro Uc calificó así que el Tren Maya es un “caballo de Troya”, que disfrazado de una obra que supuestamente traería bienestar y beneficios a las comunidades mayas, en realidad atrajo devastación y afectaciones socioambientales.

“Ellos dijeron que todas las comunidades de la península de Yucatán iban a ser beneficiadas por el tren con mejor salud, mejor vivienda, mejores empleos, mejores escuelas. ¿Dónde está eso? Que me muestren una sola comunidad, no quiero muchas, solo una, que haya mejorado su vida al 100% desde 2018”, reprochó.

Para el poeta la devastación tiene un trasfondo político y económico que trasciende al propio Tren Maya.

Pedro Uc recordó además que, pese a los amparos interpuestos por las comunidades contra el Tren Maya, el gobierno de López Obrador blindó los megaproyectos declarándolos de seguridad nacional.

“Con gobiernos anteriores ganamos algunos casos. Con este no hubo manera de defender ni una hectárea. Todo lo destruyeron contra nuestra voluntad”, explicó.

Destrucción irreversible

“Sabíamos que en cuanto talaran el primer árbol, construyeran caminos o contaminaran el acuífero, se desencadenaría un proceso de destrucción. Hoy, con el tren ilegal y ecocida dentro de la selva, lo que vemos es una devastación estimulada: invasiones, proyectos inmobiliarios que se anuncian sin pudor en redes sociales bajo el lema de ‘ven a vivir en la selva’, aunque eso implique talar, ahuyentar fauna a golpes y tratar un cenote como si fuera una alberca”, comentó Pepe Tiburón, quien también es integrante del colectivo Sélvame del Tren.

Pepe Tiburón, quien había explorado los cenotes y cuevas sumergidas que conectan la selva con el mar, advirtió que la destrucción de la selva es irreversible.

“Esto nunca fue en contra de un tren, fue contra construirlo en medio de la selva, estimulando su destrucción”, coincidió.

Para Pepe, al igual que para Pedro Uc, la narrativa del progreso económico ha sido una máscara.

E insistió en que el Tren Maya no se traduce en un beneficio real para la población y que lo único en que sí se ha logrado traducir es en destrucción y extracción de recursos como madera, aceite de palma y sascab, entre otros.

La finalidad del tren nunca fue ser un servicio para el pueblo. Lo que querían era el beneficio económico de infectar a la selva con lo que ellos definían como progreso, pero que solo era progreso para sus cuentas bancarias, no para el pueblo”, dijo.

No hay comunidad maya beneficiada, no hay absolutamente nada de lo que plantea la demagogia que sea verdad. Los únicos beneficiarios de este proyecto son los que lo imponen”, indica.