
“La Tierra no es una herencia que recibimos de nuestros padres, sino un préstamo que nos hacen nuestros hijos”.
El progreso humano propio de los últimos siglos ha permitido mejorar la calidad de vida de las personas en múltiples sentidos.
La medicina, la ciencia y la tecnología han revolucionado paradigmas, por lo que, en la actualidad, vivimos en un mundo dinámico donde el mayor reto consiste en lograr un equilibrio entre el desarrollo socio-económico y la preservación de los recursos naturales que necesitamos como especie.
Así, surge la noción de desarrollo sostenible que pretende eliminar aquel falso dilema que sugiere decidir priorizar la economía sobre el cuidado del entorno o viceversa.
Lo cierto es que la planeación, la responsabilidad y la innovación. Nos brindan la oportunidad de emplear recursos para su aprovechamiento en el desarrollo humano, sin comprometer gravemente la viabilidad del medio-ambiente.
Más aún, la implementación del desarrollo sostenible como base fundacional de cualquier proyecto empresarial, social o gubernamental es indispensable si deseamos evitar una catástrofe mayúscula que incluso amenace la supervivencia de la raza humana en un futuro no tan lejano.
Desarrollo sostenible es igual a conciencia, prudencia y congruencia.
