CIUDAD DEL VATICANO (EFE).— Un hombre interrumpió ayer a gritos la audiencia general que estaba celebrando el papa Francisco en el aula Pablo VI y tuvo que ser acompañado afuera por los agentes de la Gendarmería vaticana, mientras que el Sumo Pontífice pidió rezar por él “porque estaba sufriendo”.
Durante la tradicional audiencia de los miércoles, a la que asistieron miles de personas, un hombre de entre 40 y 50 años comenzó a gritar en inglés interrumpiendo al Papa, que estaba leyendo su catequesis.
Según algunos de los presentes, el hombre visiblemente alterado gritaba contra el uso de las mascarillas en la Iglesia y contra el Sumo Pontífice, aunque no se escuchó perfectamente, pero sí se apreció que se quitó la protección facial delante de los presentes.
Finalmente fue acompañado afuera de la sala sin mostrar resistencia por miembros de la Gendarmería vaticana.
El papa Francisco pidió entonces “rezar por este hermano que sufre”. “Grita porque sufre”, añadió y pidió a los fieles presentes rezar por él un ave maría.
Fraternidad y paz
Al término de la audiencia general, el Papa deseó que los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022, que comenzarán mañana, sean “una experiencia única de fraternidad humana y de paz”.
“Deseo a los organizadores el mejor de los éxitos y a los atletas que den lo mejor de sí”, señaló el Pontífice, subrayando cómo “el deporte, con su lenguaje universal, puede tender puentes de amistad y solidaridad entre personas y pueblos de todas las culturas y religiones”.
“Juntos es de hecho la palabra clave para interpretar este evento y este es el objetivo: hacer crecer un mundo más fraterno. Juntos”, reiteró el Papa.
El papa Francisco resaltó, sobre todo, la importancia de la participación en los Juegos Paralímpicos de los atletas con discapacidad y de los atletas refugiados porque son “un ejemplo para superar los prejuicios y miedos” y un estímulo para no dejar a nadie atrás.
“El ejemplo de los atletas y atletas con discapacidad ayudará a todos a superar prejuicios y miedos y a hacer nuestras comunidades más acogedoras e inclusivas: esta es la verdadera medalla de oro”, dijo.
Mientras que sobre las atletas refugiadas animó a “que sus testimonios ayuden a animar a las sociedades civiles a abrirse a todos con una confianza cada vez mayor, sin dejar a nadie atrás”.
