Se le puede llamar pulso, fanfarronería, diplomacia al más puro estilo de la Guerra Fría o un golpe al nuevo orden liberal, que se trató de crear a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial.
Sea como fuere, lo cierto es que lo que está ocurriendo en Ucrania, la negociación bilateral, la escisión soberana, los dimes y diretes globales con espectadores de lujo son argumentos perfectos para una nueva novela de Robert Ludlum al más puro estilo Jason Bourne o El Círculo Matarese, claro, si el autor no nos hubiera dejado en 2001.
Para entender las claves del mismo y analizar de manera más profunda qué ocurre, contactamos a Florentino Portero, conocedor profundo de la realidad política europea. Es historiador y miembro fundador del Grupo de Estudios Estratégicos en España.
Florentino recibe la llamada virtual de Diario de Yucatán en su residencia en Madrid. Nos atiende cortésmente desde lo que parece ser una biblioteca privada. En España quedan pocas horas para la medianoche.
¿Qué está ocurriendo en ese país que tanto interés está generando? —preguntamos.
“El gobierno ruso cree que debe aprovecharse de las circunstancias y puede lograr victorias diplomáticas. Ha visto que Joe Biden está débil, no tiene mayoría en las cámaras, no puede controlar su partido y con el conflicto político en Estados Unidos no puede sostener una política exterior con firmeza. Y a eso hay que añadir el desprestigio estadounidense por las malas gestiones en Irak y Afganistán.
“Alemania acaba de formar un gobierno tripartito, y las relaciones entre el Partido Verde y los socialdemócratas sobre política energética son muy malas. Recordemos que Alemania tiene aún tres centrales nucleares que quiere cerrar este año. Para lograrlo, hizo un acuerdo estratégico con Rusia para obtener gas. Alemania no adoptará posiciones de firmeza contra Rusia porque, además del gas, también empresas como Siemens, BMW, Mercedes pueden ser afectadas.
“Por último, Francia, la otra gran potencia continental, está en proceso electoral ya y Emmanuel Macron, el actual presidente, quiere reelegirse. No es momento para que los candidatos y él, concretamente, se arriesguen”.
Parece que Europa está dividida, fragmentada, preguntamos a Florentino. “Esa es la gran victoria de Vladimir Putin”, responde.
“Putin ha logrado mostrar las grandes diferencias en la UE y la debilidad en la relación con Estados Unidos.
Alemania condena moderadamente, pero pide que las sanciones sean equilibradas, que no les corten el gas.
Hungría dice que Ucrania maltrata a los prorrusos y húngaros que hay en su país, una desfachatez.
Francia ya está enredando. Se separa de la negociación general diciendo que ellos tienen su propia línea de negociación fuera de la UE.
Italia condena todo, pero dice ‘no me toques mis empresas, no afectes mi economía y comercio’, etc.
Ante esto, Estados Unidos cree en el fondo que es un tema que los europeos deben resolver; que, que como ocurrió en la crisis de los Balcanes, vino a resolver el problema, pero ahora se encuentra una Europa fragmentada que le dice: ‘resuélvelo, pero no lo resuelvas porque la verdad, no queremos que pase nada’. En fin, las primeras batallas las está ganando Putin, pero la guerra no sabemos cómo terminará.
“Ahora Rusia está mostrando su fuerza con el envío de tropas a Ucrania. Está diciendo ‘cuidado, tengo músculo militar y disposición a utilizarlo’. Es ahí, cuando llegó la fase más importante de la diplomacia rusa: enviar mensajes”.
Llegados a este punto, el gobierno ruso solo está interesado en negociar con Estados Unidos porque quiere aprovechar esa debilidad. Por eso, le exige tres cosas: “debe retirar su armamento nuclear de territorios que no son su soberanía; debe abandonar su presencia en bases militares de países que fueron parte de la Unión Soviética; y tiene que comprometerse con la OTAN a no aceptar a nuevos miembros que hayan formado parte de esa Unión Soviética”.
Paréntesis. En este punto de la entrevista, nos queda más claro que el conflicto ucraniano tiene a ese país de fondo casi por accidente. Esta batalla, hoy, es de influencia, de golpes en la mesa, de duelos con sables, más que pistolas. Rusia sabe que la globalización permite este tipo de pulsos y que tiene por ahora la sartén por el mango. Cerramos paréntesis.
“El objetivo real es echar a Estados Unidos de Europa para que únicamente tenga presencia institucional. Así, los países vinculados a la antigua Unión Soviética tendrían una soberanía limitada al no tener políticas de defensa exterior y diplomática que no estén supeditadas a Rusia. Ucrania es un instrumento para lograr ese objetivo”, agrega Florentino.
Pongámonos en el peor escenario. ¿Qué puede ocurrir en este conflicto?
“Nadie lo sabe, solo quienes han estudiado perfectamente el plan. Si no funciona la vía diplomática, se dará paso a la militar. Lo más probable es un ataque localizado en una zona muy concreta con valor estratégico. Pongamos un ejemplo hipotético: un lugar de interés para hacer esto podría ser descargar la batería militar para unir la península de Crimea con la zona del Donbás (lugar donde se desarrolló la famosa Guerra del Donbás, una serie de ataques armados acontecidos hace ocho años en el este ucraniano, de mayoría prorrusa) y así poder aislar a Ucrania del Mar de Azov”.
En nuestra cabeza pulula una reflexión y una pregunta: “entonces, si la diplomacia fracasa y hay un conflicto armado por parte rusa, ¿qué justificación pondrá Putin?”. Así se lo preguntamos.
“Rusia no ha tenido nunca ningún problema para mentir. Miente sistemáticamente. Lo ha hecho en Georgia y en Ucrania. Puede decir que ‘Ucrania, apoyado por las potencias anglosajonas, está rearmándose y está persiguiendo a la minoría rusa que vive en sus fronteras. Esta minoría nos ha pedido ayuda y tenemos que defenderlos’. No hay pudor ni escrúpulos”, sentencia.
La realidad es ésa. El gran ajedrez del mundo globalizado solo sabe de reglas básicas. Hoy, todo es válido y diplomáticamente justificable.
