CIUDAD DEL VATICANO.— El papa emérito Benedito XV “habla en un susurro y para expresar sus verdaderos pensamientos, su secretario, el arzobispo Georg Gänswein, lo ayuda en esta mediación”.

“Todavía conserva una claridad mental formidable. Tiene una memoria y una capacidad de conexión realmente notables para su edad. Todo esto se puede ver en la calidad de sus preguntas y respuestas. ¿Qué me dejó este último encuentro? La idea de un hombre que, a pesar de su fragilidad, transmite serenidad, creo que también gracias a una vida intensa hecha de oración. Se despide siempre regalándote una hermosa sonrisa y se siente preparado para el encuentro definitivo con el Señor”.

Así se refiere a Joseph Ratzinger el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa del Vaticano entre los años 2006 y 2016, quien habla de su vida junto a tres Papas en una entrevista concedida al diario italiano “Avvenire”, en ocasión de su próximo cumpleaños 80, que celebrará el lunes próximo.

El sacerdote, que también fue superior provincial de los jesuitas de Italia y director del Centro Televisivo Vaticano, recordó que pudo acompañar a Benedicto XVI “por casi todo su pontificado desde 2006 hasta su renuncia el ministerio petrino en febrero de 2013” y que la última vez que lo vio fue en mayo.— Avvenire/ACI Prensa

El P. Lombardi destacó que Benedicto XVI “es un hombre de estudio” y lo definiría como “un Papa teólogo y con las ideas muy claras”.

El sacerdote jesuita también una gran virtud del Papa Emérito: “la humildad. En los diálogos conmigo siempre habló en italiano y no en alemán”, idioma que aprendió cuando estudiaba teología en Frankfurt, donde fue ordenado en 1972.

Solo a veces hablaba en alemán, cuando hablaba con su secretario Mons. Georg Gänswein, y “tenía la fineza de repetir en italiano las mismas cosas” aunque no era necesario.

Sobre la última vez que pudo verlo, el P. Lombardi dijo que fue “el 7 de mayo, para contarle sobre las novedades del premio de la Fundación dedicada a él”.

Benedicto XVI, que en abril cumplió 95 años, “conserva aún una lucidez mental formidable. Tiene una memoria y una capacidad de conexión realmente notables para su edad”.

El jesuita dijo además que luego de ver a Benedicto XVI le quedó “la idea de un hombre que, pese a su fragilidad, transmite serenidad. Gracias, creo, a una intensa vida de oración”.

“Se despide siempre regalándote una bellísima sonrisa y se siente listo para el encuentro definitivo con el Señor”.

 

 

 

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