INGLATERRA.- Luego de la muerte de la reina Isabel II a los 96 años, el pasado jueves 8 de septiembre, su hijo Carlos III asumió el trono como el nuevo Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña, sin embargo, nuevamente llamó la atención los ”dedos de salchicha” del monarca, que se deben a una enfermedad, aquí te contamos más sobre el tema.
Las redes sociales pusieron el foco sobre la salud del rey tras publicarse varias imágenes con los dedos hinchados, pero diversos médicos ha explicado que el rey podría sufrir un edema que haría que sus dedos se hincharan.
¿Por qué el rey Carlos III tiene sus dedos rojos como salchichas?
La condición del rey Carlos III no ha pasado desapercibida, tanto que incluso Alejandro Macías, infectólogo y excomisionado contra la influenza en México, retomó una imagen de los ‘dedos de salchicha’ de su Majestad y ofreció una explicación en Twitter de las posibles causas de su peculiar afección.
También conocido como ”el zar de la influenza”, Macías dijo que “ha llamado la atención el edema (hinchazón) de las manos de Carlos III”, mostrando una fotografía del nuevo monarca de Inglaterra donde se aprecian sus manos.
Además mencionó que se especula que la hinchazón en las manos del rey se deba a que “pueda sufrir artritis o insuficiencia del hígado, los riñones o el corazón”.
El medico agregó que en realidad no es algo nuevo, pues “ya se había mostrado en años anteriores”, es decir las manos hinchadas del ahora Rey ya fueron un tema polémico.
También se ha mencionado que Carlos III podría sufrir un edema, “una afección en la que el cuerpo comienza a retener líquidos en las extremidades, normalmente en las piernas y los tobillos, pero también en los dedos, lo que hace que se hinchen”.

De hecho el rey Carlos III ha bromeado sobre sus ”dedos de salchicha” y ha sido citado al respecto en la biografía “Charles, The Main Who Will Be King” de Howard Hodgson.
“No puedo expresar lo emocionado y orgulloso que estoy. Realmente se ve sorprendentemente apetitoso y tiene dedos de salchicha justo como el mío.”, según habría dicho Carlos III en una carta a un amigo no revelado después del nacimiento del príncipe William.

