REINO UNIDO.— Buckingham espera con ansiedad el lanzamiento del libro de memorias del príncipe Enrique.

Y por una buena razón: las revelaciones contenidas en su autobiografía podrían desestabilizar a la familia real como sucedió con la biografía escrita por Andrew Morton, “Diana, su verdadera historia”, cuando en 1992 la princesa de Gales saldó cuentas con la monarquía.

Aunque aquella vez todo empezó bien, recuerda en su portal “Point de Vue”.

Al día siguiente de la “boda del siglo”, celebrada en la Catedral de San Pablo de Londres, el 29 de julio de 1981, Carlos y Diana fueron elevados al rango de pareja perfecta.

“El trono británico ahora se identifica con una vida familiar ejemplar”, se regocijó en aquel entonces el periódico “The Times”.

“Esta es una de las razones del respeto y el cariño que se le tiene”, agregó.

Luna de miel

La luna de miel fue de corta duración. Incluso antes del nacimiento de su primer hijo, Guillermo, el 21 de junio de 1982, Diana mostraba fragilidad psicológica ante la presión mediática que ejercían sobre ella. Ella se hundió gradualmente en la depresión, mientras que Carlos se reencontró con su amante de toda la vida, Camilla Parker-Bowles.

Nada cambió a pesar del nacimiento de un segundo hijo, Enrique, el 15 de septiembre de 1984, especialmente cuando la prensa sensacionalista avivó el fuego.

El estupor fue total cuando se estrenó en las librerías, el 16 de junio de 1992, “Diana, su verdadera historia”, obra firmada por el escritor y periodista Morton, que reveló el creciente malestar de la princesa desde su matrimonio, sus cinco intentos de suicidio, sus ataques de bulimia y anorexia, su sentimiento de haber sido traicionada por un esposo infiel.

Una onda expansiva al otro lado del Canal de la Mancha donde nadie hubiera imaginado que tales confesiones se extendieran en la plaza pública.

Cruda confesión

Nunca antes un integrante de la familia real había hablado tan crudo y sin filtros sobre su matrimonio y su relación con la reina, su vida dentro de la institución monárquica.

Hasta entonces, según el adagio “Nunca expliques, nunca te quejes”, los Windsor siempre se las habían arreglado para lavar la ropa sucia en familia.

Lejos de ser ajena a la revelación de sus secretos íntimos, como quiso hacernos creer en su momento, Diana trabajó estrechamente con Morton durante un año, a través de su amigo James Colthurst, a fin de proporcionarle la materia prima de su muy escandalosa obra.

“Mostró públicamente que su pareja estaba mal, y estaba dispuesta a sacudir todas las costumbres para demostrarlo”, explica Romilly Weeks, de ITV News.

Ella contraatacó violentamente, hizo todo lo posible para dañar a su esposo, para divulgar chismes sobre él. Las revelaciones más impactantes fueron sobre la extrema toxicidad de este matrimonio”.

 

Youtube video

Diana se comprometió personalmente con los editores reacios, asegurándoles su apoyo incondicional. El libro, traducido en 80 países, vendió más de siete millones de copias.

¿Había previsto la magnitud del terremoto que acababa de desencadenar?

Al inaugurar la “cultura de la confesión”, la “transparencia absoluta” que triunfaría en las décadas siguientes, la princesa de Gales abrió la “caja de Pandora”.

Marc Roche, excorresponsal de “Le Monde” en Londres, dijo: “Ella desnudó al príncipe Carlos. Diana rompió todos los códigos. En particular el de que ni siquiera los tabloides revelan lo peor de lo que está pasando en la vida privada de la realeza”.

Muy intuitiva y dominando a la perfección su estrategia de “marketing”, la princesa forjó su propia mitología no sin daños colaterales, como apunta el biógrafo real Christopher Wilson:

“Sabía manipular los medios de forma brillante, pero como muchos de los que tienen el poder, le faltó juicio y, al permitir que se publicara el libro de Andrew Morton, casi rompe la máquina. Muchos consideraron entonces que los Windsor ya no eran capaces de gobernar. Ella se dio cuenta de que era ella quien había matado la fe de la gente en la monarquía”.

 

A partir de entonces, las revistas fueron insaciables. En diciembre de 1992, “The Sun” publicó llamadas telefónicas entre Diana y uno de sus amantes, el vendedor de autos James Gilbey.

La prensa atribuyó muchas aventuras a la princesa de la época, desde su guardaespaldas Barry Mannakee en 1986, hasta el marchante de arte Oliver Hoare, el jugador de rugby Will Carling, y en especial su instructor de equitación, James Hewitt, apuesto capitán de los “Life Guards”. También se publican conversaciones telefónicas privadas entre Carlos y Camilla.

La búsqueda de información sensacional bordeó entonces la violación de la privacidad. Pero todos los golpes parecieron permitidos.— Point de Vue Continuará

 

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