CIUDAD DEL VATICANO (EFE).— El documento que servirá para preparar el Sínodo de los obispos sobre la Sinodalidad, que analiza cómo debe ser la Iglesia católica en el futuro, revela que “un obstáculo especialmente importante” sigue siendo “el escándalo de los abusos cometidos por miembros del clero“, y se pide más espacio para las mujeres y una mayor acogida a divorciados y a la comunidad Lgbtq.

El Vaticano publicó ayer jueves el texto de trabajo en el que se han resumido las diferentes síntesis recibidas en este año de preparación por las Conferencias Episcopales, la Curia, las congregaciones, particulares, grupos católicos e incluso las opiniones recogidas a través de las redes sociales de católicos de todo el mundo.

Este texto es la base de trabajo en la fase continental, en la que por continentes se reflexionará para elaborar una síntesis final ante la reunión de obispos que el Papa fijó para octubre de 2024, dando un año más para este debate.

Los abusos en la Iglesia católica

“Un obstáculo especialmente importante para caminar juntos es el escándalo de los abusos cometidos por miembros del clero o por personas que ejercen cargos eclesiásticos: en primer lugar los abusos contra menores y personas vulnerables, pero también los de otro tipo (espirituales, sexuales, económicos, de autoridad, de conciencia)”, se lee en este resumen.

Se resalta que “para muchos, las consecuencias siguen siendo un tema espinoso y sin resolver”: algunas diócesis informaron de que los participantes en sus encuestas “querían que reconocieran y enmendaran los abusos del pasado” y muchos grupos sinodales piden “un cambio en la cultura eclesial con miras a una mayor transparencia, responsabilidad y corresponsabilidad”.

Divorciados y gais en la iglesia

Entre las opiniones recogidas figura también la petición “de un diálogo más incisivo y un espacio más acogedor a quienes, por diversas razones, sienten una tensión entre la pertenencia a la Iglesia y sus propias relaciones afectivas, como, por ejemplo los divorciados vueltos a casar, los padres y madres solteros, las personas que viven en un matrimonio polígamo, las personas Lgbtq”.

“Las síntesis muestran cómo esta reclamación desafía a muchas Iglesias locales: la gente pide que la Iglesia sea un refugio para los heridos y rotos, no una institución para los perfectos. Quieren que la Iglesia salga al encuentro de las personas, que camine con ellas en lugar de juzgarlas, que establezca relaciones reales a través de la atención y la autenticidad, y no con un sentimiento de superioridad”, se lee en la síntesis de la Conferencia Episcopal de EEUU.

Los miembros de la Iglesia de algunos países también piden claridad porque tienen “incertidumbres sobre cómo responder” por ejemplo a “las relaciones entre personas del mismo sexo”.

“Esta novedad es confusa para los católicos y para los que la consideran un pecado” y “un reto problemático para la Iglesia porque estas personas se sienten excluidas”, escriben los obispos de Lesotho.

Vulnerables

Del documento se desprende que en este proceso de escucha han que dado excluidos los más vulnerables: “los más pobres, los ancianos solos, los pueblos indígenas, los emigrantes sin pertenencia alguna que llevan una existencia precaria, los niños de la calle, los alcohólicos y drogadictos, los que han caído en las manos de la delincuencia y aquellos para los que la prostitución es la única posibilidad de supervivencia, las víctimas de la trata de personas, los supervivientes de abusos (en la Iglesia y fuera de ella)”, destaca la conferencia episcopal de Bolivia.

Inclusión de la mujer

Desde todos los continentes, explica el texto, “llega un llamamiento para que las mujeres católicas sean valoradas, ante todo, como miembros bautizados e iguales del Pueblo de Dios” y “es casi unánime la afirmación de que las mujeres aman profundamente a la Iglesia, pero muchas sienten tristeza porque su vida no suele ser bien comprendida y sus aportaciones y carismas no siempre son valorados”.

En la síntesis de la Iglesia en Tierra Santa se lamenta que haya “una Iglesia en la que casi todos los responsables de la toma de decisiones son hombres, y pocos espacios en los que las mujeres puedan hacer oír su voz”.

La síntesis coreana confirma: “a pesar de la gran participación de las mujeres en diversas actividades eclesiásticas, a menudo son excluidas de los principales procesos de toma de decisiones. Por lo tanto, la Iglesia necesita mejorar su conciencia y los aspectos institucionales de sus actividades”.

En la asamblea final del Sínodo, aunque participarán mujeres, el documento final será votado sólo por los obispos católicos.

 

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