LA HAYA (EFE).— La princesa Amalia de Países Bajos cumplió ayer 19 años de edad, tras un año complicado para la joven heredera al trono, en el que se vio obligada a renunciar a su vida social y universitaria para aislarse en casa de sus padres por amenazas del crimen organizado, aunque sí se ha dejado ver en algunas instituciones y eventos oficiales.
La joven celebró con una fiesta privada, al igual que ha llevado sus últimos meses, a pesar de que, tras cumplir 18 años, planeaba dejarse ver más a menudo en público y llevar una vida lo más normal posible.
El cambio de planes llegó el pasado verano, cuando las autoridades neerlandesas tuvieron que reforzar su seguridad y la del primer ministro Mark Rutte por temores de que sean el objetivo de grupos del crimen organizado, después de que sus nombres aparecieran en mensajes interceptados por la policía insinuando un posible secuestro o ataque.
Esto llevó a la joven a cancelar su mudanza a su departamento de estudiante en Ámsterdam, donde empezó en septiembre la carrera de Política, Psicología, Derecho y Economía, y renunció así a llevar una vida como la de sus compañeros, para volver a vivir con sus padres en La Haya y salir solo para acudir a clase.
Esas amenazas tuvieron “enormes consecuencias” para la vida de la princesa y desde entonces se encuentra en una situación “muy difícil”, según dijeron sus padres, los reyes Guillermo Alejandro y Máxima.
Después de hacerse pública la amenaza, Rutte prometió que se “está haciendo todo” para cambiar la situación y manifestó que la seguridad de la princesa “tiene la máxima prioridad de forma permanente”.
¿Quiénes amenazan a la princesa Amalia?
Los grupos del crimen organizado en Países Bajos son conocidos como Mocro Mafia, están formados principalmente por ciudadanos neerlandeses y de origen marroquí o surinamés, y desde hace una década libran una guerra territorial con bandas enemigas iniciada tras la desaparición de un cargamento de cocaína del puerto belga de Amberes.
“La cantidad de dinero en juego es tan grande que estos criminales usan lo posible para salvar su negocio, incluidas amenazas, intimidación, uso de la violencia, corrupción”, señaló el criminólogo Emile W. Kolthoff.
Sin embargo, y a pesar de toda esta situación, la joven ha seguido yendo a clase y participando lo posible en la vida oficial que la prepara para su papel de heredera al trono.
En septiembre pasado tuvo por primera vez participación en el acto oficial del Día del Príncipe (Prinsjesdag), la inauguración del curso político y presentación de los presupuestos generales del Estado, y se sumó al recorrido en carroza por La Haya junto a sus padres.
Además, durante el último año la princesa entró en contacto con el Ejército de Países Bajos. El comandante de las Fuerzas Armadas, el general Onno Eichelsheim, le ofreció una primera introducción a las fuerzas aéreas, el ejército de tierra y la marina real.
Según hizo público el gobierno neerlandés la semana pasada, Amalia visitó en abril la base de Volkel, en el sudeste de Países Bajos, y realizó un vuelo de entrenamiento en un F-16 de las fuerzas aéreas, durante el cual recibió información sobre el uso de esos aviones como plataforma de armas contra objetivos terrestres y aviones, y habló con militares y empleados.
En junio estuvo en Darp, en la provincia de Drente, para visitar a la brigada mecanizada 43, de infantería pesada del Ejército, y le dieron un paseo en un tanque de batalla para experimentar cómo es trabajar con estos vehículos fuertemente blindados.
En agosto visitó Den Helder, donde está la marina real y donde el rey Guillermo Alejandro empezó su entrenamiento. Allí fue recibida por el servicio de submarinos y viajó bajo el agua con la tripulación, y “comieron arroz tradicional de Indonesia, se le dio un recorrido y una explicación sobre la vida bajo el agua”, señaló el gobierno.
Además de involucrarse cada vez más en la instituciones nacionales, a finales de enero próximo Amalia llevará al cabo una visita introductoria a los territorios caribeños del Reino de Países Bajos, y se sumará al viaje que harán los monarcas por Aruba, Curaçao, Saint Maarten, Bonaire, Sint Eustatius y Saba.
Una encuesta publicada el pasado verano por la agencia Ipsos muestra que casi cuatro de cada diez neerlandeses no creen que sea necesario que Amalia actúe en público con más frecuencia porque aún es demasiado joven y necesita centrarse en su educación, aunque un 30% dijo querer verla más a menudo.
