WASHINGTON (EFE).— “Tu trabajo debería ser juzgado por tu jefe, no por un extraño”, cuenta Adam Eidinger. Tras varios años como camarero, comienza a vislumbrar lo que muchos trabajadores del gremio ansían en Estados Unidos: la posibilidad de no depender de las propinas.
El Distrito de Columbia, donde está Washington, la capital de Estados Unidos, podría despojarse de la cultura de la propina muy arraigada en el país, tras un referéndum en el que el 74% de los votantes aprobó que los camareros tengan un salario mínimo sin necesidad del dinero adicional que aporta el cliente.
Sin embargo, la llamada iniciativa 82, que todavía no entra en vigor, también ha causado revuelo entre los restauranteros, que no le ven “ningún sentido”.
Iniciativa 82 sobre la propina en Estados Unidos: ¿Cuándo será vigente?
La medida estará vigente a partir del 1 de enero de 2023 y establece una retribución de seis dólares por hora el primer año y un aumento gradual hasta llegar al salario mínimo en 2027, aunque antes debe ser revisada por la Asamblea Legislativa del Distrito de Columbia.
En caso de implementarse, este territorio se sumaría a Alaska, California, Minnesota, Montana, Nevada, Oregon y el estado de Washington, donde las propinas ya no vienen de serie.
Tras trabajar en la industria restaurantera y vivir de primera mano los entresijos del sistema de las propinas, Eidinger decidió abogar por los derechos de los trabajadores y convertirse en uno de los impulsores de la iniciativa 82.
Durante su etapa como mesero, Eidinger vio cómo el sistema de propinas era “confuso” y daba pie al “robo del salario”, así como a la discriminación de mujeres y trabajadores “no blancos” al recibir menos propinas que los blancos.
“Tu trabajo debería ser juzgado por tu jefe, no por un extraño que te juzga por tu apariencia”. La iniciativa tiene el apoyo de grupos como Restaurant Opportunities Centers United (ROC-DC), cuya organizadora principal, Sophie Miyoshi, cree que permitirá a los empleados sortear el “acoso de algunos clientes”, además de revertir el principal problema: la “extrema” dificultad para controlar adónde va a parar el dinero.
En la era de las transacciones digitales, la “mayoría de pagos se hace con tarjeta de crédito”, por lo que los trabajadores reciben sus propinas a final de mes junto a su sueldo, explica Miyoshi. “Hay poca por no decir cero transparencia frente a eso”.
Algunos restauranteros de Washington intentan que el proyecto no prospere y que la Junta del Distrito de Columbia la revoque como hizo con la iniciativa 77, predecesora casi idéntica de la 82, en 2018. No obstante, la portavoz de Phil Mendelson, presidente de la Junta del Distrito de Columbia, asegura que ésta “no tiene intención de derogar la iniciativa”.
Clientes podrían irse sin dejar propina
Los propietarios de establecimientos ya han advertido que deberán afrontar la posibilidad de que los clientes opten por aportar menos dinero extra o directamente no hacerlo, ya sea mediante la creación de una tasa de servicio o la subida de los precios del menú para mantener a sus trabajadores.
Es el caso de la Taberna del Alabardero, cuyo gerente José Ramón Pereira calcula que la aplicación de esta iniciativa, a su juicio “populista” y “sin sentido”, supondría un 10% más de gastos. Por eso se plantean incorporar un 10% de tasa de servicio a la cuenta.
Las propinas que reciben los camareros en ese restaurante en pleno centro de la ciudad representan el 95% de su salario, por lo que Pereira argumenta que “este tipo de negocio sería inviable” en el Distrito de Columbia.
“En ningún restaurante en D.C. que esté dentro de la ley nadie gana menos del mínimo”, recuerda Pereira, ya que actualmente la ley establece que si las propinas no permiten al trabajador llegar al sueldo mínimo el propietario debe hacerse cargo de la diferencia. “Esto ya está cubierto, no tiene sentido alguno”, añade.
El gerente del restaurante Mi Casita, Alberto Vázquez, ve adecuada la iniciativa como respuesta a la inflación, aunque alerta que estados adyacentes como Maryland y Virginia no se rigen por ello y piensa que “la mayoría de los empleados van a buscar trabajo en otros lados”.
No existe solamente esa posibilidad, expone el profesor Michael Lynn, quien en el pasado fue camarero. “Los restaurantes lo están teniendo difícil para que la gente vuelva a trabajar en ellos tras la pandemia”.
Lynn argumenta que el salario “garantizado”, junto a las largas jornadas que tienen que desempeñar los camareros, los ha forzado a mirar hacia otro lado y buscar empleo fuera de la industria restaurantera, lo que se ha dado “en todo Estados Unidos” y arroja la duda sobre si este modelo competitivo restaurantero es realmente el que tiene los días contados.
