CIUDAD DEL VATICANO.— Este domingo, durante su homilía en la misa por la IV Jornada de la Palabra de Dios en la basílica de San Pedro, el papa Francisco advirtió de la “maldición” que supondría una Iglesia “de corazón estrecho” cerrada a la gente, al mismo tiempo, hizo un llamado a la unidad.

La salvación está destinada a todos

“Si la salvación está destinada a todos, incluso a los más lejanos y perdidos, entonces el anuncio de la Palabra debe ser la principal urgencia de la comunidad eclesial. Que no nos suceda profesar la fe en un Dios de corazón ancho y ser una Iglesia de corazón estrecho; Esto sería, me permito decirlo, una maldición“, advirtió el papa Francisco.

El sumo pontífice defendió que la Palabra de Dios “no está destinada solo a los justos sino a todos” y emplazó a su Iglesia a “abrirse a las personas”.

“Quiere llegar a los lejanos, quiere sanar a los enfermos, quiere salvar a los pecadores, quiere reunir a las ovejas perdidas y levantar a los que tienen el corazón cansado y agobiado (…) No olvidemos esto, la misericordia de Dios es para todos“, sostuvo el santo padre.

Por eso, en esta jornada dedicada a la propagación de la fe, llamó a la Iglesia a hacerlo en “las situaciones de cada día“, sobre todo entre quienes están “perdidos, se sienten oprimidos o desanimados”.

Mensaje de unidad

El obispo de Roma también lanzó un mensaje de unidad en un momento en el que las tensiones entre las corrientes dentro del Vaticano se han hecho más evidentes, especialmente a raíz de la muerte del papa emérito Benedicto XVI, referente del sector más conservador.

El sucesor de Pedro, frecuente centro de críticas de este ala, sostuvo en su homilía que el Concilio Vaticano II mostró un camino: “Todos, incluso los pastores de la Iglesia, estamos bajo la autoridad de la Palabra de Dios”.

“No bajo nuestros propios gustos, tendencias y preferencias, sino bajo la única Palabra de Dios que nos moldea, nos convierte y nos pide estar unidos en la única Iglesia de Cristo“, avisó Francisco. 

En esta eucaristía solemne el pontífice también confirió a hombres y mujeres de varios países del mundo los ministerios del lector y del catequista, este último entregado, entre otros, a la mexicana Olga Carcur.
 

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