COLOMBO, Sri Lanka (EFE).— El gobierno de Sri Lanka conmemoró ayer el 75 aniversario del Día de la Independencia, pese a la indignación y las críticas por los gastos que suponen las fiestas en una nación gravemente endeudada y sin recursos para hacer frente a sus gastos básicos.

Las celebraciones comenzaron en el pintoresco Galle Face Green, frente al mar, en una de las zonas más privilegiadas de Colombo y sede de varias oficinas del gobierno, el mismo lugar en el que hace un año se gestó el movimiento civil de miles de personas desesperadas por la crisis, que seis meses más tarde acabó con la renuncia del entonces presidente Gotabaya Rajapaksa.

“Nuestro 75 Aniversario de la Independencia del dominio colonial se celebra durante un momento extremadamente crítico y desafiante en el país. Es, en efecto, un momento decisivo”, dijo en su discurso el presidente Ranil Wickremesinghe.

Esta fecha, dijo, es “una oportunidad para que no solo revisemos nuestras fortalezas y logros como nación, sino también para rectificar nuestros errores y fallas”.

Wickremesinghe, que llegó al poder de manera interina tras la renuncia de Rajapaksa, gracias a alianzas cerradas la noche antes de una votación en el Parlamento, ha realizado varios recortes del gasto público para mantener la nación a flote, y además controles para contener las protestas y el descontento.

Una vez más el presidente reiteró al país que se avecina una nueva agenda de reformas económicas y sociales que se centran en la “recuperación y el desarrollo renovado”, y además instó a los habitantes de Sri Lanka a tener “coraje y determinación” para lograr la prosperidad económica.

Las protestas, que se han convertido en parte del contexto del país, continuaron ayer, aunque en menor escala, gracias en parte a nuevas restricciones.

 

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