CIUDAD DEL VATICANO. — El papa Francisco dirigió la primera de las dos grandes ceremonias del Jueves Santo al presidir una misa en la basílica de San Pedro, mientras continúa con su agenda de Semana Santa.

La voz del papa sonaba fuerte durante la misa, en la que leyó una homilía dedicada al sacerdocio.

Durante la misa del Jueves Santo en la basílica, docenas de sacerdotes ataviados con sencillas sotanas blancas se sentaron frente a los católicos que abarrotaban el templo.

El sumo pontífice de la Iglesia católica, de 86 años de edad, habló de “crisis” que afecta a los curas.

“Tarde o temprano, todos experimentamos decepción, frustración y nuestras propias debilidades”, dijo el santo padre.

“Nuestros ideales parecen retroceder ante la realidad, una cierta fuerza de la costumbre toma el poder y las dificultades que antes parecían inimaginables parecen desafiar nuestra fidelidad”, dijo el obispo de Roma.

La ceremonia en la basílica incluye la tradicional bendición de ungüentos y la renovación de las promesas que los sacerdotes hicieron en su ordenación.

Destacando el espíritu de renovación que, según el papa Francisco, necesita el sacerdocio, a los ungüentos se añadió este año perfume de bergamota procedente de árboles de terrenos confiscados a la mafia en el sur de Italia.

En sus comentarios improvisados durante la homilía, en sucesor de Pedro advirtió a los sacerdotes que “no olviden ser pastores del pueblo”.

El papa pide a los sacerdotes que eviten las divisiones en la Iglesia

El papa Francisco presidió hoy la misa Crismal con la que se abre el llamado Triduo pascual, con el que comienzan los ritos de la Semana Santa, y en su homilía pidió a los sacerdotes que eviten las divisiones, que después “fomentan partidos y cordadas” en la Iglesia.

El santo padre apareció en buena forma y presidió la misa en un lado del altar como estaba establecido debido a sus problemas en la rodilla que le impiden estar mucho tiempo de pie, mientras que celebró el cardenal Angelo de Donatis.

En la misa de hoy se conmemora la institución del sacramento del orden sacerdotal por Jesucristo durante la Última Cena y está dedicada a la renovación por parte de los sacerdotes de los votos de pobreza, castidad y obediencia, por lo que a la ceremonia participaron sobre todo los curas de la diócesis de Roma, pero también llegados de otros puntos de Italia.

Además durante la ceremonia también se bendicen los óleos de los catecúmenos, el de los enfermos y del crisma, que se utilizan durante el año para los bautismos, confirmaciones y unción de los enfermos.

En la homilía en la que el pontífice tradicionalmente da consejos a los sacerdotes, los instó a “crear armonía” porque advirtió:

“Cuando nos convertimos, aunque sea por ligereza, en instrumentos de división; y le hacemos el juego al enemigo, que no sale a la luz y ama los rumores y las insinuaciones, que fomenta los partidos y las cordadas, alimenta la nostalgia del pasado, la desconfianza, el pesimismo, el miedo”.

“Tengamos cuidado, por favor, de no ensuciar la unción del Espíritu y el manto de la Madre Iglesia con la desunión, con las polarizaciones, con cualquier falta de caridad y de comunión. Recordemos que el Espíritu prefiere la forma comunitaria: la disponibilidad respecto a las propias necesidades, la obediencia respecto a los propios gustos, la humildad respecto a las propias pretensiones“, añadió.

El obispo de Roma también pidió a los sacerdotes que sean amables. “Si la gente encuentra incluso en nosotros personas insatisfechas y descontentas, que critican y señalan con el dedo, ¿dónde descubrirán la armonía?”, dijo

“¡Cuánta gente no se acerca o se aleja porque en la Iglesia no se siente acogida y amada, sino mirada con recelo y juzgada! En nombre de Dios, ¡acojamos y perdonemos siempre! Recordemos que ser agrios y quejumbrosos, además de no producir nada bueno, corrompe el anuncio, porque contra-testimonia a Dios, que es comunión y armonía.” aseveró.

Y les instó “a perdonar siempre” a todos los fieles que lo pidan.

El sucesor de Pedro también presenciará mañana el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo, el Sábado Santo presidirá la Vigilia Pascual y el domingo en la plaza de San Pedro oficiará la Misa de Resurrección e impartirá la tradicional bendición Urbi et Orbi asomado en el balcón central de la fachada de la basílica vaticana.