BUDAPEST, Hungría. — Este viernes, el papa Francisco llegó a la capital de Hungría para su visita de tres días al país en la que planea esbozar su visión para el futuro de Europa, con la guerra de Rusia en Ucrania, los flujos migratorios y las tensas relaciones entre Budapest y Bruselas como telón de fondo.

 

Según los funcionarios húngaros, la visita del pontífice argentino fue diseñada para permitirle atender a la comunidad católica del país y alentar a sus miembros en su fe. Pero con la guerra en la vecina Ucrania y Hungría enfrentada a otros países de la Unión Europea por cuestiones del Estado de derecho y los derechos de los grupos vulnerables, las palabras y los hechos del sumo pontífice tendrán un fuerte trasfondo político.

Tras aterrizar en el aeropuerto Liszt Ferenc de la capital, el santo padre se reunió con la presidenta, Katalin Novak, y con el primer ministro, Viktor Orban, y posteriormente, pronunció su primer discurso ante autoridades y diplomáticos.

¿Dónde están los esfuerzos para la paz en Ucrania?, cuestiona el papa Francisco

El papa Francisco denunció que en Europa se está asistiendo al ocaso del sueño de la paz, mientras triunfan “los solistas de la guerra” e interrogó a los Estados europeos sobre si están realizando los esfuerzos necesarios para crear la paz, sobre todo en Ucrania, en el discurso a las autoridades que pronunció a su llegada a Hungría, donde permanecerá tres días.

“En esa etapa histórica los peligros son muchos; pero, me pregunto, pensando también en la martirizada Ucrania, ¿Dónde están los esfuerzos creadores de paz?”, interrogó el Sucesor de Pedro en su primer discurso, ante las autoridades húngaras.

En este primer acto en Hungría y tras reunirse con la presidenta del país, Katalin Novak, y el primer ministro Viktor Orbán, el obispo de Roma pronunció un discurso muy político y con varias críticas y llamamientos a una Europa, que denunció parece haber perdido su misión originaria.

“En la posguerra Europa representó, junto con las Naciones Unidas, la gran esperanza con el objetivo común de que un lazo más estrecho entre las naciones previera conflictos ulteriores“, dijo. 

“Aún así, en el mundo en el que vivimos, la pasión por la política comunitaria y por la multilateralidad parece un bonito recuerdo del pasado, parece que asistimos al triste ocaso del sueño coral de paz, mientras los solistas de la guerra se imponen“, denunció en su discurso en el antiguo monasterio que es ahora sede del Gobierno.

El papa Francisco consideró que parece que se ha “disuelto el entusiasmo de edificar una comunidad de naciones pacífica y estable, delimitando las zonas, acentuando las diferencias” y la vuelta “al rugir de los nacionalismos y exasperando los juicios y tonos hacia los demás”.

“Parece incluso que la política a nivel internacional tuviera como efecto enardecer los ánimos más que resolver problemas olvidando la madurez que alcanzó después de los horrores de la guerra y retrocediendo a una especie de infantilismo bélico“, criticó.

Por ello consideró desde el corazón del Viejo Continente, que “en este momento histórico Europa es fundamental. Porque ella, gracias a su historia, representa la memoria de la humanidad y, por tanto, está llamada a desempeñar el rol que le corresponde, el de unir a los alejados, acoger a los pueblos en su seno y no dejar que nadie permanezca para siempre como enemigo”.

En una parte del discurso más bien dirigida a la política soberanista húngara, el santo padre recordó que “también en la Europa de los 27, construida para crear puentes entre las naciones, necesita del aporte de todos sin disminuir la singularidad de ninguno. Se necesita una armonía, un conjunto que no aplasta las partes que se sientan integradas en su conjunto”.

Y citó la Constitución húngara en la que se afirma: “nuestra cultura nacional es un aporte valioso a la multicolor unidad europea”.

A este propósito, el papa Francisco instó a “una Europa que no sea rehén de las partes, volviéndose presa de populismos autorreferenciales, pero que tampoco se transforme en una realidad fluida o gaseosa, en una especie de supernanacionalismo abstracto que no tiene en cuenta la vida de los pueblos”.