LISBOA (EFE).— “Una casa para vivir, un planeta para habitar” es el lema que congregó ayer a miles de personas en las calles de varias ciudades portuguesas, donde han pedido por la justicia climática y medidas eficaces contra la crisis de vivienda que padece el país.
Lisboa, Oporto, Viseu, Braga, Coimbra y Faro son algunos de los 24 de municipios que han registrado concentraciones, convocadas por los movimientos “Casa para viver” y “Their Time to Pay” pero compuestos por decenas de colectivos.
Los manifestantes, con gritos como “bajen los alquileres, suban los salarios”, exigieron al gobierno el fin de los desalojos y los visados “gold”, el control de los precios en sectores esenciales, la habilitación de más viviendas sociales, transportes públicos gratuitos y el uso de más energías renovables descentralizadas.
“Creemos que las ciudades tienen que ser hechas para todos, pensadas de forma sostenible y no en busca del beneficio fácil sin ver las consecuencias negativas”, explicó en la manifestación de Lisboa Diogo Guerra, portavoz del colectivo “Referendo pela habitação”.
Entre los manifestantes estaba Ángela Rocha, una mujer de 42 años quien vive con su hija en un estudio en el municipio de Odivelas.
Explicó que paga 300 euros por este apartamento, pero tendrá que abandonarlo en unos meses porque el propietario no quiere renovárselo para alquilárselo a otras personas por mayor valor.
En Portugal, el precio de la vivienda casi se duplicó entre 2015 y 2022, según un estudio coordinado por el exministro luso de Economía Carlos Tavares.
Un simple estudio ya supera los 1,000 euros mensuales, en un país donde el salario mínimo está en 760 euros y el medio en 1,288 brutos, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) luso.
