Un helicóptero de la Guardia Costera de Islandia vuela cerca del magma que sale del volcán Fagradalsfjall. A la derecha, una vista aérea tomada con un dron muestra lava y humo saliendo de una fisura del volcán durante la erupción que empezó anteanoche, cerca de Grindavik
Un helicóptero de la Guardia Costera de Islandia vuela cerca del magma que sale del volcán Fagradalsfjall.

MADRID.— Islandia es la tierra de volcanes activos. El último en despertar ha sido el Fagradalsfjall, un respiradero de fisura en el suroeste de la isla, cuya erupción activó la alarma en la cercana localidad de Grindavik, de casi 4,000 habitantes.

El volcán llevaba avisando a sus vecinos de su actividad desde hace dos años.

En realidad, toda Islandia está avisada: la actividad de los volcanes es una constante en la gran isla del noroeste europeo.

La diferencia en esta ocasión está en la dimensión de la fisura, de unos tres kilómetros y medio, y la velocidad del flujo de lava, entre 100 y 200 metros cúbicos por segundo, notablemente superior a otras erupciones ocurridas en la península de Reykjanes, muy agitada los últimos años, según publica el “ABC” de España.

Grindavik ya fue desalojada y la zona afectada cerrada por precaución, aunque el gobierno islandés considera que esta erupción “no representa una amenaza para la vida”.

En esta ocasión, el espacio aéreo aún no se cierra, a diferencia del caos ocasionado en parte de Europa a causa del humo expulsado por el volcán Eyjafjallajokull en 2010, en el sur del país.

También en la década pasada hubo otras dos grandes erupciones en el noreste de la isla, según los datos del programa de vulcanismo mundial de el Instituto Smithsoniano: la caldera de Grimsvotn, que hizo temer un nuevo caos aéreo, y el estratovolcán de Bardarbunga.

Punto caliente

La agitada actividad volcánica en Islandia se debe a su ubicación tanto en la Cordillera del Atlántico Medio, un límite de placas tectónicas divergentes, como sobre un punto caliente. La inestabilidad de la región ha dado lugar a que una treintena de volcanes hayan entrado en erupción en la época geológica del Holoceno, es decir, en los últimos 12,000 años.

Se calcula que un tercio de la lava expulsada a la superficie terrestre en los últimos cinco siglos ha salido de Islandia.

Los tiempos geológicos, a menudo inabarcables desde una dimensión temporal humana, cobran una dimensión más cercana en el caso de los volcanes islandeses, escupiendo o amenazando con escupir lava en algún punto de la isla.

De la treintena de volcanes activos en el período holocénico, una docena han tenido una erupción significativa entre el siglo XX y XXI.

Entre ellos el Eldfell, en el archipiélago de Vestmannaeyjar, al sur de la isla, cuya erupción en 1973 tomó desprevenida a la población y tuvieron que huir a la desesperada en barcos de pesca. O el Katla, al sur de Islandia, a principios del siglo XX.

Uno de sus segmentos, el Eldgjá, fue responsable en el año 936 de la considerada la mayor erupción efusiva de la historia reciente.

El Hekla, también en el sur, uno de los más activos de la historia reciente, tuvo su última gran erupción en el año 2000. En la Edad Media, los islandeses lo llamaban las “Puertas del Infierno”.

La mayor tragedia registrada en Islandia a causa de un volcán fue la erupción del Skaftáreldar en el siglo XVIII. Se calcula que un cuarto de la población de Islandia falleció por la erupción, principalmente debido a los efectos indirectos, como enfermedades y cambios en el clima que afectaron a las cosechas y el ganado. El Skaftáreldar forma parte del sistema cuyo volcán central es el Grímsvötn, que registró su última erupción en 2011.

Hoy es el turno del Fagradalsfjall y de los vecinos de la localidad de Grindavik, a 40 kilómetros de Reikiavik, la capital de un país de menos de 400,000 habitantes, acostumbrados a la actividad volcánica de una isla en permanente ebullición.— ABC

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán