Susiflor le hizo una confesión a su mamá: la noche anterior había hecho el amor con su novio. “¡Santo Cielo! —exclamó consternada la señora—. ¿Por lo menos tomaste medidas?”. “Ay, mami —replica Susiflor—. ¡En esos momentos quién va a acordarse de medirla!”.

Sigue ahora el cuento llamado “El dedo más útil en el matrimonio”. Don Geronte, señor de edad madura, llamó a su hijo y le habló con muy solemne acento. “Hijo mío: dentro de unos días vas a contraer matrimonio. Bueno será entonces que sepas algo que te será de mucha utilidad en la relación matrimonial.

“Mira: cada dedo de la mano corresponde a determinada etapa de la vida, y cada uno expresa algo correspondiente a esa edad. Tomemos, primero, el dedo llamado gordo, el pulgar. Es el dedo del optimismo juvenil. Alzas un pulgar, o ambos, y eso es señal de bienestar, afirmación de que las cosas van bien.

“El dedo índice, hijo, es el dedo de la realización personal. Lo levantas en alto para decir: ‘Soy el número uno’, o lo adelantas para impartir tus órdenes: ‘Fulano, haz esto’; ‘Mengano, haz aquello’.

“El dedo de en medio es el dedo más útil en el matrimonio, necesarísimo en la relación matrimonial. Pero de ése te hablaré después. Ahora te diré del dedo anular. Ese dedo no sirve para mucho. Lo usamos solamente para llevar la argolla de casados.

“Y, finalmente, el meñique. A pesar de ser el más pequeño, ese dedo sirve para mostrar que hemos llegado a la cima del poder y del éxito: al tomar la taza de té o de café erguirás el meñique en gesto de distinción y de elegancia que mostrará tu posición social”.

“¿Y el dedo del matrimonio, padre?” —preguntó el muchacho ansiosamente. “¡Ah! —respondió el señor—. Es el de en medio y es el más importante del matrimonio, pero tienes que aprender a usarlo cuando lo necesites”.— Saltillo, Coahuila.

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