Naima Hamdani, madre soltera marroquí y responsable de la radio del grupo “100% Mamás de Tánger”
Naima Hamdani, madre soltera marroquí y responsable de la radio del grupo “100% Mamás de Tánger”

TÁNGER, Marruecos (EFE).— Kautar recuerda como una pesadilla el día que dio a luz sola en el hospital de Tánger entre burlas por ser madre soltera.

“Habría prendido fuego al edificio”, dice sobre una experiencia que define el inicio del tortuoso camino de estas mujeres en Marruecos, culpables de un delito solo por concebir a sus hijos.

Para Jeane (nombre ficticio), la experiencia fue incluso peor porque tiene la piel negra. Esta joven de 20 años llegó a Marruecos desde el Congo, tras un viaje de meses en el que perdió a su familia y del que se llevó un embarazo fruto de una violación. “Fue horrible, no me tocaban, como si oliera mal”, resume de su día en el hospital de Nador.

Kautar y Jeane tienen en común haber traído al mundo un niño sin estar casadas, una circunstancia penada en Marruecos con entre 1 y 12 meses de cárcel por relación extramatrimonial, delito que las feministas marroquíes piden retirar en la reforma penal en marcha en el país magrebí.

Aparte de la amenaza de una condena, estas mujeres sufren el estigma de haber sido “mancilladas” y sus hijos lo arrastran de por vida. Algunos niños son abandonados, otros no se registran al nacer, los hay que no tienen libro de familia o solo documentos de identidad que denotan que son “bintuzina” o hijo de una “zina”, tal y como el Corán define la relación sexual fuera del matrimonio.

Kautar recibe a EFE en la asociación “100% Mamás de Tánger”, dedicada a prestar ayuda a estas mujeres dándoles un hogar, formación, un trabajo y confianza en sí mismas. Ella se quedó en 2016 embarazada de su novio. Se iban a casar, pero cuando supo del embarazo dijo que el bebé no era suyo. Tenía solo 19 años.

Huyó de casa de sus padres y se fue a Tánger, donde parió acompañada de un guardia de seguridad del hospital y una mujer de la limpieza que se mofaban de ella.

“Se sentó delante de mi cama en una silla de ruedas y, mientras ella le empujaba, se tocaba la tripa y decía: ‘¡Ay, soy madre soltera dando a luz!’ Tenía mucho miedo”. Ese día escribió un mensaje a su padre: “Puede que muera, perdóname”.

Una vez que nació su bebé, no pudo verle ni tocarle porque había que esperar a que las autoridades correspondientes dieran cuenta de que no tenía padre, relata entre lágrimas.

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