WASHINGTON (EFE).— El presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, expresó ayer viernes su preocupación por la evolución de la inflación en Estados Unidos y defendió una institución más discreta en su comunicación, con el objetivo de evitar que los mercados reaccionen principalmente a cambios en el lenguaje del banco central.
En su primer discurso en Jackson Hole como jefe de la política monetaria, Warsh señaló que los datos recientes ofrecen señales favorables, aunque todavía insuficientes para considerar que las presiones sobre los precios se encuentran encaminadas hacia la meta establecida.
“Aunque los datos de la inflación del PCE y el IPC del verano son mejores de lo esperado, no nos aclaran que las tendencias de fondos han mejorado de manera significativa”, afirmó.
El funcionario, quien cumplió 100 días en el cargo, reiteró que durante su mandato eliminará las guías sobre la evolución futura de las tasas de interés, conocidas como forward guidance. A su juicio, esa práctica genera dinámicas en los mercados que afectan a la población.
“No debemos permitir un régimen en el que los participantes en los mercados están mirando principalmente a la Fed para su próxima operación de mercado”, sostuvo.
Warsh resumió su posición al señalar que la institución está “comprometida con una disciplina, no con una decisión”, y aseguró que busca una Fed “más callada”.
Sobre la situación económica, el presidente del banco central dijo estar “impresionado con la buena marcha de la economía”. Destacó un mercado laboral “robusto”, el crecimiento de las inversiones de capital y un ritmo estable de expansión.
Sin embargo, reconoció que el panorama es distinto respecto al mandato de estabilidad de precios. “En el lado del mandato de los precios los números son más preocupantes”, indicó.
La inflación se ha moderado, pero permanece en torno al 3%, todavía lejos del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Warsh ha señalado desde su llegada al organismo que no dudará en actuar para contener las presiones inflacionarias.
“Debemos tener claro de que la inflación está moviéndose a nuestro objetivo de manera clara y a una velocidad suficiente. Si no es así, tendremos trabajo que hacer, por ese es nuestro mandato y nuestra responsabilidad”, añadió.
La postura se produce mientras el presidente, Donald Trump, continúa presionando para que disminuya el precio del dinero. Sin embargo, la coyuntura está marcada por el encarecimiento de materias primas e hidrocarburos y los efectos de la guerra comercial, factores que dificultan esa tendencia.
El foro de Jackson Hole, celebrado en las montañas de Wyoming, reúne a los principales gobernadores de bancos centrales de las grandes economías. Este año no participaron Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ni Kazuo Ueda, gobernador del Banco de Japón.
A mediados de septiembre, la Fed retomará las reuniones del Comité del Mercado Abierto, encargado de decidir sobre las tasas de interés. El encuentro tendrá lugar en un momento crítico para la economía estadounidense y durante la recta final hacia las elecciones de medio término, en las que Trump se juega el control del Congreso.
