En México, el más reciente estudio sobre infecciones hospitalarias, realizado en 2011, indicaba que uno de cada cinco pacientes desarrolla una infección en el hospital. Aunque esta cifra puede no reflejar la situación actual, es un parámetro para concienciar sobre este problema de salud que muchas veces los médicos no quieren aceptar, pero está presente más de lo quisieran.
Eric Ochoa Hein, médico internista infectólogo, destaca la importancia de hacer conciencia sobre las infecciones hospitalarias, pues, aunque no hay datos exactos de cada país y localidad, se calcula que en los países desarrollados uno de cada 10 pacientes sufre una infección en su permanencia en el hospital, y este número es más alto, quizá del doble o más, en los países de menores ingresos.
Apunta que, suponiendo que en México dos de cada 10 pacientes sufriera de infecciones hospitalarias, el 20% resultante es un porcentaje altísimo, que no gusta admitir. El más reciente estudio realizado en el país al respecto, hace 11 años, arrojó un índice del 50%.
Las infecciones hospitalarias están asociadas a diferentes factores y es sabido que por cada día adicional que el paciente pasa hospitalizado se incrementa el riesgo de contraer infecciones nosocomiales, lo cual depende en gran parte del tipo de tratamiento que reciba el paciente y de la vulnerabilidad personal.
En ese sentido, explica que ahora las personas viven más años, por lo que pasan más tiempo con enfermedades crónicas, que requieren más medicamentos o procedimientos invasivos, como los trasplantes, y todo ello lleva a que haya mayor número de infecciones.
También entra en juego la capacitación del personal de salud, ya que el nivel de competencia y conocimientos impacta en el riesgo de infecciones hospitalarias.
Este tipo de infecciones son ajenas al motivo por el cual el paciente acudió al hospital, es decir, no son infecciones que adquirieron en la comunidad o en casa, sino en la clínica.
Las más reportadas
Existen diferentes infecciones nosocomiales, pero hay cuatro tipos que son motivo de publicaciones y de reporte obligatorio: la neumonía asociada al uso de ventilador, las del torrente sanguíneo, las de vías urinarias por uso de sonda y las del sitio quirúrgico, que son las que resultan de una operación.
Estas cuatro son las más reportadas a nivel mundial. Sin embargo, pueden variar de hospital a hospital, o de comunidad a comunidad. Por ejemplo, hay sitios en los que no se usan catéteres venosos centrales que van al corazón, sino catéteres periféricos en brazos, más susceptibles a infecciones.
En otros sitios, las diarreas adquiridas en hospital son más frecuentes por organismos asociados al uso de antibióticos.
Otras enfermedades están relacionadas con procedimientos especializados de las vías respiratorias, como los que realizan los otorrinolaringólogos en casos de sinusitis.
El doctor Ochoa Hein resalta que los países desarrollados cuentan con paquetes de acciones de educación e insumos requeridos y apropiados para aplicar procedimientos preventivos de infecciones hospitalarias, lo que les permiten llegar incluso a tasas cero.
Esto conlleva un gran compromiso y mucho trabajo del personal, se requiere de una capacitación constante y es difícil de mantener, como sucede con muchas conductas humanas.
Puntualiza que, por ejemplo, una persona conectada a un ventilador puede desarrollar neumonía y para evitarlo hay varias sugerencias, como colocar la cabecera a 45 grados, pues así la gravedad impide que las secreciones del tracto gastrointestinal sean aspiradas hacia el tracto respiratorio, que no tiene forma de defenderse, y asear constantemente la cavidad bucal, que tiene una gran cantidad de bacterias.
El aseo hospitalario en general también reduce la carga de bacterias y evita que se trasladen a través del tubo del ventilador al tracto respiratorio. La higiene de manos es básica para evitar todo tipo de infección.
El doctor Ochoa Hein asegura que hay métodos que se pueden adoptar para evitar las infecciones nosocomiales, entre ellos la aplicación de tecnologías para la desinfección de objetos sólidos y el uso de agua clorada —que es una obligación en el país—, así como el empleo de ozono y de luz ultravioleta para descontaminar agua.
El entrevistado está familiarizado con el uso de dos tecnologías químicas: vaporizadores de peróxido de hidrógeno y luz ultravioleta.
El peróxido de hidrógeno, que es agua oxigenada en mayor concentración, se vaporiza en un espacio cerrado o cubículo y en un tiempo de tres a cuatro horas el área queda desinfectada en aire y objetos, porque la molécula penetra incluso los recovecos de una habitación.
Además, se ha demostrado que reduce sustancialmente las cargas microbianas y hay estudios que indican que también disminuye el riesgo de infecciones en los pacientes.
Una de las desventajas es que debe realizarse con el espacio vacío, es decir, no puede haber personas en el lugar a descontaminar porque el peróxido vaporizado es dañino para las mucosas de ojos, nariz, boca y piel. De manera que en el cuarto de hospital se aplica cuando el paciente es dado de alta para desinfectar el espacio antes del ingreso de otro.
La luz ultravioleta se utiliza para descontaminar superficies y en este caso la desinfección, que también tiene que hacerse sin personas presentes, tarda entre 5 a 15 minutos, dependiendo de los organismos que se quieran erradicar.
Agrega que la luz ultravioleta se está empezando a estudiar para la desinfección del aire en el ámbito hospitalario, lo cual debe ser útil, pues en el aire están suspendidas muchas partículas y agentes infecciosos.
Ambos métodos reducen la carga microbiana, virus, hongos, parásitos y esporas, así que su uso es beneficioso para reducir el riesgo de infecciones nosocomiales.
Para finalizar, el doctor Ochoa destaca la importancia de que médicos, personal de salud y pacientes tengan más conocimientos sobre este tema.
Este tema será abordado en un foro que se realizará de manera virtual el 6 y 13 de noviembre próximo, organizado por la asociación civil Hospital sin Infecciones.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
