En el relato “Tripas” de Chuck Palahniuk, el protagonista es un adolescente que, tras haber sufrido un accidente en circunstancias un tanto vergonzosas, no puede comer alimentos normales debido a que su intestino mide apenas 20 centímetros.

Si bien el cuento no hace hincapié en cómo sobrevivió el pobre chico (ni siquiera trata de eso) ni dice la fecha del suceso, pero si el accidente hubiera ocurrido antes de 1968 el protagonista no habría sobrevivido, ya que para entonces no existía la nutrición parenteral.

“La nutrición parenteral es una bendición. Y es un avance que mucha gente ha comparado con los antibióticos y los trasplantes. Antes de 1968, las personas que no podían comer por la boca se morían”, señala el doctor Luis Galindo Mendoza, médico cirujano con especialidad en cirugía general y subespecialidad en cirugía bilio-pancreática.

La nutrición parenteral es un recurso que permite que personas que por alguna razón —de manera temporal o permanente— no pueden comer de manera normal reciban alimentos y conserven su salud y vida.

Entre estas personas están las que nacen con el síndrome de intestino corto, pero también a quienes perdieron el intestino por algún accidente, como el caso de un bailarín que recibió un balazo en la arteria que nutre al intestino o una niña egipcia cuyo órgano fue succionado por la bomba de una piscina.

El también profesor de la Universidad La Salle señala que, contrario a lo que ocurre en Estados Unidos, donde se lleva un registro de toda la nutrición parenteral que se da en hospitales y domicilios, en México no hay estadísticas al respecto. Se calcula que en cada hospital de tercer nivel hay de 10 a 15 pacientes que reciben este tipo de alimentación.

Es precisamente en los hospitales donde empieza este tipo de alimentación, pero continúa en las casas, y para ello es importante enseñar al paciente y a su familia a realizar el procedimiento.

La técnica consiste en colocar un catéter especial (tambor de acceso vascular central permanente) debajo de la piel del paciente en el que se inserta una aguja, por la cual van a pasar los nutrimentos, los cuales deben ser calculados en número por un especialista.

El doctor Galindo informa que hay dos opciones: la primera es utilizar una central de mezclas que, como su nombre lo dice, incorpora los componentes de la nutrición parenteral; la segunda, conocida como nutrición parenteral lista para usarse, consiste en unas bolsas con tres cámaras (una contiene las grasas; la otra, glucosa, y la tercera, aminoácidos).

Será el especialista quien diga qué opción conviene al paciente de acuerdo con su peso o enfermedad.

Aunque hay una supervisión estricta, no recibir la dosis adecuada podría ser causa de desnutrición, de alguna infección o de un desequilibrio metabólico si el paciente tuviera una enfermedad intercurrente, como diabetes, y no lo sabe.

El precio del procedimiento va de 1,000 a 2,000 pesos diarios, calcula el doctor.

Las personas que reciben nutrición parenteral pueden salir y participar en actividades, incluso ir a trabajar o a la escuela, ya sea cargando una mochila con sus aditamentos o bien si nada, pues se conectan en la noche en sus casas.

Las personas que reciben nutrición parenteral no tienen prohibido comer, sobre todo quienes la tienen de modo permanente. Aunque aclara que sí hay casos en los que se prohíben algunos alimentos para que no les dé diarrea y se deshidraten.

Al igual que en el relato de Chuck Palahniuk en el que todo lo que come el protagonista sale exactamente igual, el doctor Galindo dice que los pacientes, sobre todo los que están estables, no tienen prohibido comer.

“Lo que pasa es que no les va a aprovechar. De hecho, algunos pacientes comen muchísimo, pero todo se va al baño porque no lo aprovechan, no tienen el intestino suficiente”, finaliza.— IVÁN CANUL EK

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán