NUEVA YORK (HealthDay News).— Vivir más cerca de espacios al aire libre y de agua natural podría ser mejor para su salud mental, afirman investigadores.
Un estudio encuentra que la proximidad a la naturaleza podría reducir el riesgo de angustia psicológica grave de una persona mayor. La angustia puede conducir a un deterioro leve del pensamiento y la memoria.
El estudio se presentará en el encuentro de la Academia Estadounidense de Neurología que se celebrará del 22 al 27 de abril próximo.
“Dado que carecemos de unos métodos de prevención o tratamientos efectivos para el deterioro cognitivo leve y demencia, debemos ser creativos al estudiar estos problemas”, dijo la autora Solmaz Amiri, asociada de investigación posdoctoral del Colegio de Medicina Elson S. Floyd de la Universidad Estatal de Washington.
“Nuestra esperanza es que este estudio, que muestra una mejor salud mental entre las personas que viven más cerca de parques y del agua, fomente otros estudios sobre cómo funcionan estos beneficios, y si esta proximidad puede ayudar a prevenir o retrasar al deterioro cognitivo leve y a la demencia”, manifestó.
Los problemas de salud mental que requieren tratamiento y tienen un efecto de moderado a grave en la participación social se consideran como una angustia psicológica grave.
Para analizarlo, los investigadores usaron datos del Censo de Estados Unidos y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), a fin de determinar qué tan cerca vivían los participantes de los espacios verdes y azules.
Los espacios verdes incluyen a los parques, los huertos comunitarios y los cementerios, y los espacios azules son cuerpos de agua como los lagos, las represas, los ríos grandes y las costas.
El estudio incluyó a 42,000 personas a partir de 65 años que viven en áreas urbanas del estado de Washington.
Cada una respondió a preguntas sobre la frecuencia de los síntomas de depresión y ansiedad, usando una escala de cinco puntos. Si alguien nunca sentía uno de estos síntomas, marcaría un cero. Si el síntoma era constante, recibía una calificación de 4.
También hubo preguntas sobre la intensidad de sus sentimientos, lo que incluyó cuántos días no pudieron trabajar debido a la angustia psicológica, cuántos días la angustia afectó a su productividad, y cuántas veces buscaron ayuda profesional. Las puntuaciones abarcaron de 0 a 24, con una puntuación promedio de 2.
Se consideró que los participantes que puntuaron por encima de 13 tenían una angustia psicológica grave. En total, un 2 por ciento encajaban en esa descripción.
Alrededor de un 70 por ciento de los pacientes vivían a una distancia de 0.8 kilómetros de un espacio verde. Más o menos un 60 por ciento vivía a esa distancia de un espacio azul.
Los que vivían a 0.8 kilómetros de cualquiera de estos espacios tenían un riesgo un 17 por ciento más bajo de experimentar una angustia psicológica grave, en comparación con los que vivían más lejos, encontró el estudio.
Alrededor de un 1.3 por ciento de los que vivían a 0.8 kilómetros de los parques y el agua tenían una angustia psicológica grave, en comparación con un 1.5 por ciento de las personas que vivían a más de 0.8 kilómetros de distancia.
Los investigadores señalaron que una limitación del estudio fue que las mismas personas reportaron su nivel de angustia, y quizá no hayan recordado o reportado los detalles con precisión.
“Nuestra esperanza es que este estudio pueda ayudar a orientar las políticas de salud pública en el futuro, desde dónde se ubican los centros residenciales hasta programas para mejorar los resultados de salud mental de las personas que viven en centros de atención a largo plazo u hogares de ancianos”, añadió Amiri.
Los hallazgos preliminares se publicaron el 22 de febrero. Las investigaciones presentadas en reuniones médicas se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.
