MADRID (EFE).— El factor étnico es imprescindible para desarrollar fármacos o tratamientos médicos seguros y eficaces, y un equipo de científicos iberoamericanos acreditó, tras hacer un estudio genético de más de 6,000 personas de poblaciones indígenas y mestizas de Iberoamérica y España, la diferente respuesta a los mismos medicamentos.
Convocados por la Red Iberoamericana de Farmacogenética y Farmacología, algunos de los científicos que participaron en la investigación presentaron sus conclusiones en el Instituto Cultural de México en España, donde incidieron en la trascendencia de los tratamientos médicos personalizados, pero también en que su aplicación en las poblaciones latinoamericanas plantea muchos desafíos debido a la diversidad étnica y genética que caracteriza a esa región.
Durante varios años investigadores de numerosos países analizaron el ADN de más de 6,000 personas de diferentes poblaciones iberoamericanas, cuestionaron la adecuación de las dosis estandarizadas que se usan de forma global, y compartieron sus conclusiones —que se plasmaron en una “Declaración”— a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Consejo de Organizaciones Internacionales de Ciencias Médicas.
Si no se atienden esos factores, ni la medicina personalizada ni la medicina de precisión redundarán en un beneficio para las poblaciones originarias de los países de América Latina, alertaron los investigadores, y advirtieron que uno de los principales problemas de esas sociedades es la falta de conocimiento sobre sus especificidades en la respuesta a los fármacos.
Poblaciones indígenas normalmente son excluidas de los ensayos clínicos porque lo habitual es que los estudios sobre medicamentos se desarrollen en unas comunidades y se apliquen en otras, y lo normal también es que se prueben en las sociedades más desarrolladas, excluyendo de esa manera a las indígenas.
En la cohorte utilizada para este estudio entraron residentes en distintas regiones iberoamericanas; de Norteamérica (Nuevo León, Ciudad de México y Chiapas), Centroamérica (Costa Rica y Nicaragua), el Caribe (Cuba), la costa pacífica de Sudamérica (Colombia, Ecuador y Perú), la costa atlántica de Sudamérica (Argentina, Brasil y Uruguay), Portugal y España.
En el estudio aportaron recursos humanos y económicos la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional y el Instituto de Investigación Biosanitaria (Inube) de Extremadura, cuyo director, Adrián Llerena, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina en la Universidad de Extremadura, subrayó la importancia de que los ensayos y estudios genéticos incluyan todas las variantes poblacionales.
Llerena indicó que desde el punto de vista ético “no tiene sentido administrar un medicamento que sabemos que no va a funcionar” en una etnia que puede tener una mutación genética y que ha sido probado solo entre personas de una población, normalmente blanca.
Explicó que en España, por ejemplo, se hace un análisis genético para determinar el medicamento y la dosis que se administrará a un paciente de cáncer, pero eso no se puede replicar en República Dominicana, donde la población es mayoritariamente negra, o en Brasil.
Responsables de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y de todas las agencias regulatorias iberoamericanas coincidieron en la importancia de impulsar cambios en la regulación de los ensayos y en las recomendaciones posteriores.
Más eficaces y seguros
Los investigadores valoraron los resultados de este trabajo y el compromiso plasmado en la “Declaración” que presentaron en Madrid para evitar la brecha tecnológica en la medicina personalizada y acercar los avances a las poblaciones indígenas y mestizas, y señalaron que a la “marginación” económica y social se ha sumado históricamente la “marginación científica”, ya que los estudios clínicos en los que se basan todos los medicamentos se hacen en otras poblaciones.
Así, mientras en Europa y los países más desarrollados se avanza hacia una medicina cada vez más individualizada y precisa, en las poblaciones indígenas o mestizas ni siquiera se dispone de información específica para realizar recomendaciones adaptadas a su perfil poblacional y étnico.
Enrique Terán, médico e investigador de la Universidad San Francisco de Quito, advirtió que las diferencias que existen desde el punto de vista genético “pueden marcar un impacto no solo de la eficacia, también de la seguridad de los medicamentos”, y subrayó que la población nativa americana es completamente diferente a la anglosajona y la ibérica y todos los ensayos clínicos deben por lo tanto atender esa diferencia.
Latinoamérica “es solo el primer paso”, manifestó Terán, quien agregó en que será necesario incluir en esas cohortes las numerosas variaciones genéticas que existen en las poblaciones africanas o asiáticas; “la importancia radica en conocer las diferencias que existen desde el punto de vista genético, y en respetar eso en todo el proceso”, desde el ensayo hasta el suministro de un medicamento o un tratamiento.
