MADRID (EFE).— El deterioro de la memoria asociado con la edad podría comenzar en el aparato digestivo.
Así lo sugiere un estudio publicado en la revista “Nature”, en el que un equipo internacional de investigadores de centros europeos y estadounidenses encontró que la inflamación intestinal y los cambios en la microbiota contribuirían directamente al daño cognitivo.
Según los científicos, el proceso seguiría una cadena de eventos que se iniciaría con el envejecimiento del sistema gastrointestinal y las alteraciones microbianas y metabólicas que lo acompañan. Estas modificaciones activan células inmunitarias del intestino que desencadenan una respuesta inflamatoria, la cual interfiere con la comunicación entre el intestino y el cerebro a través del nervio vago.
“Nuestro trabajo demuestra que la correcta señalización del intestino al cerebro, a través del nervio vago, protege a los ratones contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad”, explicaron los autoresdel estudio.
Los investigadores también identificaron una bacteria específica, Parabacteroides goldsteinii, cuya presencia aumenta con la edad y parece favorecer la inflamación intestinal que afecta esta conexión neuronal.
Para comprobar el papel de la microbiota, los científicos alojaron ratones jóvenes con ratones viejos para que compartieran los microorganismos intestinales.
Tras un mes, los ratones jóvenes expuestos al microbioma envejecido mostraron peores resultados en pruebas de memoria, como reconocer objetos nuevos o escapar de un laberinto. Sin embargo, al restaurar su microbiota mediante antibióticos recuperaron niveles de función cognitiva comparables a los de animales jóvenes.
El equipo también observó que al activar el nervio vago en ratones viejos mediante una molécula específica la memoria de los animales mejoraba hasta equipararse con la de ratones jóvenes.
“Nuestra esperanza es que, en última instancia, estos hallazgos puedan trasladarse a la clínica para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad en las personas”, afirmó Christoph Thaiss, del Instituto de Investigación Arc de California. Según los investigadores, comprender mejor la comunicación entre intestino y cerebro podría abrir nuevas vías terapéuticas para prevenir la pérdida de memoria en el envejecimiento.
