Abrir las puertas del hogar, de una villa privada frente a la costa o de los jardines de una majestuosa hacienda colonial para celebrar un hito de vida es un acto de generosidad y distinción. Pero el verdadero lujo de una recepción no es que nada falle, sino que nadie note cuando algo cambia de planes.

En una región de clima vibrante y a veces caprichoso como la península de Yucatán, el sol radiante de la mañana puede dar paso a un chubasco de verano en cuestión de minutos, o una fluctuación en la red eléctrica puede amenazar la temperatura del salón interior.

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