La educación virtual presentó un nuevo mundo conceptual que promete seguir acrecentando en el futuro. Las herramientas digitales ofrecen solucionar problemáticas desde distintas perspectivas, siempre contando con la tecnología como aliado fundamental.

La pandemia, la pospandemia, las causas y consecuencias de ambas etapas, trajo un cierto apuro para soportar esa virtualidad, que nace de una necesidad y una demanda colectiva, de continuación de un sistema educativo y académico, que requirió de un apuro para solventar sus desarrollos. Las empresas, las escuelas y la instituciones, que dependen de cierto desenvolvimiento moderno, apostaron por invertir exhaustivamente en detalles que ofrezcan soluciones a corto y largo plazo en este campo de acción. A esto le sumamos, la constante preocupación por la seguridad efectiva de esos espacios digitales privatizados por las compañías.

Asimismo, la adaptación de lo tangible a lo volátil nunca se dio de manera fácil. A lo largo de la historia, estas evoluciones (o involuciones en algunos casos), siempre dependen de un arduo trabajo, de años de colaboración e investigación. Para establecer una plataforma de programas, algoritmos y aplicaciones, común a todos, es necesario un proceso de capacitación constante. Esto se fue dando de forma paulatina, relacionándose estrechamente con el contexto y la coyuntura que se va promulgando con el paso de los años.

De la misma forma que decimos que fue progresiva su educación popular, podemos decir que su llegada sucedió de otra manera. Violenta, inesperada, impetuosa, son adjetivos que se nos vienen a la cabeza. Es por eso que sucedieron cambios rotundos en las últimas décadas, como nunca antes habíamos visto en la historia de la humanidad. Especialmente en el mundo educativo. Si uno se pone a analizar el devenir de la educación en los ‘80 por ejemplo, en comparación con el ahora, uno entendería que la mutación es, irónicamente, inentendible. Es por eso que nos podemos centrar en la serie número 1 del mundo en el momento, Stranger Things y parangonar al estudiantado con el actual y hacer hincapié en las distintas herramientas que utilizan; o cómo evolucionaron las mismas.

– Diccionarios:

En la época de Eleven y compañía, el diccionario era un arma de muchos filos. Solía usarse para muchos propósitos, desde buscar cómo se deletrea una palabra, hasta encontrar sinónimos o significados. Hoy existen apps que cumplen ese propósito y funcionan de forma instantánea.

-Traductores:

Tal vez otra función que podía llegar a cumplir el mítico diccionario de papel. Sino, se podía consultar con un especialista. Hoy con solo entrar a Google, podrás traducir lo que sea al idioma que quieras. También existen otras apps más profesionales y especializadas, como iTranslate.

– Almacén de libros:

Las bibliotecas, fundamentales para que Mike pueda recopilar sus libros y apuntes, casi que pasaron de moda. Las bibliotecas digitales, los lectores de PDF, los Kindles, o el negocio para comprar libros digitales por Amazon, cambiaron la coyuntura de todo para siempre.

– Resúmenes:

Si Will debía estudiar para un final, debía escribir sus propios resúmenes. O por lo menos copiarlo de algún compañero sabelotodo. Hoy, existen múltiples apps que simplifica este labor de resumir un texto, ahorrandote tiempo y esfuerzo, innecesario en este caso. Puedes profundizar y ver un PDF de resumen aquí.

– Videollamadas:

Los trabajos en grupos solían demandar coincidir en los horarios o quedarse luego de clases o juntarse en una casa en algún tiempo libre. Si el Hellfire Club viviera en la actualidad, podrían contactarse por FaceTime, Zoom, Skype o Google Duo, ahogándose muchos problemas y tiempo. Comunicación fluida y en alta definición, al orden del día e instantánea.

(I.S.)