Mircea Cartarescu al aceptar el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en el inicio de la Feria del Libro de Guadalajara 2022
Mircea Cartarescu al aceptar el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en el inicio de la Feria del Libro de Guadalajara 2022

MURCIA (EFE).— Mircea Cartarescu, cuyo nombre suena como ganador del Nobel de Literatura, critica el uso que algunos creadores están comenzando a hacer de la inteligencia artificial (IA) en sus trabajos. “Para mí no es admisible; es una especie de plagio, un robo literario. Un escritor no debería usar nunca, en ningún contexto, la IA en su trabajo. Yo nunca lo haré”, asegura.

Cartarescu (Bucarest, 1956), quien escribe a mano desde que comenzó con sus diarios a los 17 años, aclara que no está en contra de la digitalización, pero sí del uso de la IA como elemento creativo: “Para mí eso es inadmisible”, insiste, y alega que no ha probado ChatGPT ni siquiera por curiosidad.

Sí ha comprobado, sin embargo, los resultados. “Hace apenas una semana un amigo le pidió a ChatGPT que escribiera algo al estilo de mis libros… y lo hizo. Produjo un texto que era una especie de pastiche de mis escritos, pero de manera muy kitsch. Jamás me reconocería en un texto así”, subraya.

El escritor recibió anteayer en Murcia el Premio Internacional de las Letras “Exlibris” en reconocimiento a su amplia trayectoria, que comenzó en la década de 1980 y le ha llevado a publicar ocho poemarios, una quincena de novelas y media docena de ensayos, además de sus diarios.

El autor de “Solenoide”, “Cegador” y “Nostalgia”, entre otros libros traducidos a más de 25 idiomas, reflexiona sobre el papel que las redes sociales juegan en el auge de la extrema derecha a nivel global y cuyo inicio sitúa en torno a la declaración de la pandemia, en 2020.

“Se suponía que la redes debían unir a las personas, conectar al mundo. Pero ha ocurrido lo contrario. Han creado divisiones y odio entre la gente”, señala.

Estas tecnologías han generado “una nueva forma de percibir las cosas, que muchas veces evita la ética de la convivencia, e incluso las leyes internacionales”.

Por esa razón apuesta por un mayor control de las redes en lo que a “propaganda y discursos de odio” se refiere para frenar ese “fenómeno extraño e inesperado”, como define al crecimiento de la extrema derecha.

Su posición abiertamente antifascista y democrática en una Rumania en la que la ultraderecha estuvo a punto de llegar a la presidencia en las elecciones de mayo pasado le han generado críticas en su país, que rechazó por segunda vez su ingreso en la Academia Rumana.

Cartarescu resta importancia a ese rechazo, porque asegura que nunca ha tenido un deseo muy fuerte de pertenecer a una institución en la que “aún hay muchas personas de la vieja guardia”.

Como escritor cree también que “no se puede dejar de ser un poeta”, y así se sigue considerando a pesar de que a finales de la década de 1990 decidió no volver a escribir versos, su principal obra hasta ese momento.

“Sigo siendo poeta en mi forma de ver el mundo, incluso cuando escribo prosa o no ficción. Para mí, la poesía no es el arte de escribir versos, sino una forma de mirar el mundo, una forma genuina, casi infantil, de observar las cosas”, explica, e insiste en que es una característica común de todos los grandes escritores. “Gabriel García Márquez fue un gran poeta. Dostoievski fue un gran poeta. James Joyce, también. Todos tenían una forma oblicua, especial, de mirar las cosas”, indica.

Su particular estilo se debe también a que no suele editar o cambiar sus textos porque “si no logras el sonido adecuado en el primer borrador, no lo conseguirás después, hagas los cambios que hagas”. Eso le ha llevado a escribir obras “grandes, ambiciosas, que no son para todos, sino para lectores apasionados y entrenados”, pero también otras “amables y accesibles”, incluso libros para niños como “La enciclopedia de los dragones”, al que le tiene especial cariño.

“Pero debo decir que mi primer lector soy yo mismo. Escribo para mí, y amo tanto escribir que, aunque no hubiera más lectores en el mundo, seguiría escribiendo para mí”, puntualiza.

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