La Feria de las Cebollitas luce la riqueza cultural
Una auténtica fiesta yucateca ofreció a vecinos y visitantes la Primera Feria de las Cebollitas que el Centro Cultural Makech realizó en Ixil, municipio que se ubica a 26 kilómetros de Mérida.
Yucatán fue el protagonista en los dos días de actividades de la feria.
Quienes asistimos al festival conocimos, compramos y probamos, guisadas, las “cebollitas de Ixil, las únicas que no hacen llorar”.
También reconocimos, reímos, nos carcajeamos, saboreamos, admiramos… en fin nos emocionamos con el despliegue de nuestra rica cultura yucateca.
La fiesta se inició el sábado a las 8 p.m. con una velada que abrió una danza gitana, seguida de jaranas a cargo de un ballet infantil que se lució con “El torito” y hasta “El ferrocarril” con bandejas de vasos y botellas.
El grupo infantil de teatro Bomba nos robó risas, carcajadas y aplausos con su puesta en escena sobre una relación de pareja, en la que aludió a vecinos conocidos de Ixil, para después hacer demostraciones sobre los juegos tradicionales.
La velada prosiguió con una pasarela de adultas que presentaron varios tipos de hipiles, dos jóvenes que lucieron ternos que son todo un lujo, varones con trajes de mestizo, y muchachas y muchachos que presentaron blusas y filipinas bordadas.
Todos son “solteros”
Tras la lectura de poemas dedicados a Ixil, la jornada cultural terminó con la actuación de una pareja de comediantes yucatecos que vio frustrados sus intentos de replicar a “Exponiendo infieles” porque nadie aceptó tener celular, marido o mujer por esa noche.
“Te negó, ¿lo viste? y te negó tres veces, como…” fue una de las frases que resultó de la negativa de las parejas a entregar el celular.
Al invitar a las actividades dominicales, el Centro Cultura Makech recordó que es un grupo de jóvenes que tiene como objetivo promover la cultura yucateca y a Ixil, y que no tiene vínculos con partido político alguno.
La jornada dominical abrió con alegría en el concurso matutino de juegos tradicionales para niños.
Un j’men, a su vez, presidió una ceremonia maya en el cerro ubicado detrás de la iglesia colonial. Una danza prehispánica completó el mosaico maya dominical.
En la plaza principal, los visitantes pudimos conocer y comprar las cebollitas de Ixil, que se ofrecieron a $50 la bolsa de rojas y blancas.
También artesanías de manufactura local, como muñecas de trapo.
Fue una grata sorpresa descubrir unas piñatas que refuerzan la identidad yucateca: una mesticita y un Mickey Mouse mestizo.
La mesticita luce el tradicional hipil, rebozo, alhajas, peinado y hasta zapatos blancos de baile.
El Mickey Mouse mestizo es el conocido ratón luciendo el traje blanco de jaranero y hasta el sombrero, que se le acomoda entre las orejas.
Ambas piezas artesanales, con precio de unos $260, destacaron entre la habitual oferta de piñatas de personajes de Disney y un dinosaurio, que igual atrajo la atención de niños y adultos que recorrimos los puestos en la plaza principal.
Ambos mestizos son obra del artesano Óscar Cobá, quien informó que comenzó haciendo las tradicionales piñatas de estrella en diciembre de 2015 y ahora hace de todo tipo. “Sacamos hasta los personajes de películas infantiles, tal como son”, dijo. Como prueba tiene varias que exhibió en la Feria de las Cebollitas. Su taller se ubica en la calle 25 entre 18 y 20, a dos cuadras de la iglesia de Ixil.
En el área de comidas, los visitantes disfrutamos de los platillos yucatecos, como frijol con puerco con cebollitas de Ixil asadas, picadas y aderezadas con chile.
El festival cerró con una vaquería que amenizó la orquesta del maestro Elpidio y mostró que en Ixil hay varias generaciones de jaraneros: niños, jóvenes y adultos, incluso de la tercera edad.
Tributo a Ixil
La última pieza fue una jarana que Tomasito Zaldívar, quien murió a los 90 años, le escribió a Ixil, con acompañamiento de guitarra, a la edad de 35 años en 1950.
El maestro Elpidio le puso la música de orquesta y la estrenó para clausurar la Feria de las Cebollitas de Ixil, poco después de las 2 de la tarde, mientras decenas de jaraneros zapateaban.— Flor de Lourdes Estrella Santana
