Largos recorridos para obtener solo para la comida
VALLADOLID.— El día a día de un pepenador es incierto e inseguro, pues no saben si habrá o no para comer, y todo depende de la cantidad de materiales que logren recoger, pero sobre todo el tipo de desechos, ya que cada cosa tiene un precio y lo que tiene más valor como el cobre o las latas de aluminio ya casi no se tiran a la basura.
Mariano Caamal Morales, quien desde hace algunos años se dedica a recuperar materiales, recorre a diario las calles de la ciudad con su triciclo para recoger lo más que se pueda, subirlo a su vehículo y llevarlo a una empresa donde le pagan, y con lo que obtiene compra la comida del día.
El hombre comentó que la vida de los pepenadores transcurre en la pobreza, y su familia sufre la falta de recursos, ya que hay días que no encuentra nada, pero como sabe que tiene que llegar a casa con un poco de dinero también ofrece sus servicios como chapeador para limpiar patios, o las orillas de las banquetas en las puertas de las casas.
Según indicó, el kilogramo de cartón se lo pagan a $1; chatarra a 90 centavos, los envases pet, a $4; el aluminio a $14, pero para esto tiene que juntar alrededor de 60 latas para que pueda pesar un kilogramo.
Mientras tanto el cobre se los pagan a $70, pero este metal ya casi no lo encuentran, ni en la calle, ni en el basurero, ya que “seguro” otros pepenadores que tienen de primera mano las bolsas de desperdicios lo sacan para su propio beneficio, como es el caso de los recolectores de basura.
Cuando se le vio trabajando con el triciclo lleno, dijo que calculaba obtener apenas unos $80, luego de vender todo lo que llevaba, pues en su mayoría era cartón y chatarra, y solo una bolsa de plásticos.
También mencionó que son más de 50 personas distribuidas en toda la ciudad que se dedican a esa actividad, incluso cada uno ya tiene una ruta por donde recuperan materiales.
La mayoría de las veces revisan las bolsas de basura que sacan de las casas, sobre todo en los puntos por donde saben que pasará el camión recolector de basura, pero para ello tienen que pasar antes que el vehículo para poder obtener algo, de lo contrario no alcanzan nada.
Lo más difícil es cuando llegan a sus casas y no llevan dinero, pues sus esposas e hijos están en espera y con la esperanza de que habrá dinero para el desayuno o la comida y cuando no encuentran nada es cuando se sienten frustrados y con impotencia de no haber podido resolver la necesidad de sus familias.
La vida es difícil, sobre todo cuando no se tiene estudios para poder encontrar un trabajo más digno y obtener un sueldo, según dice, pues todos los días están “a la bendición de Dios”, para poder llevar el alimento a la casa.— Juan Antonio Osorio
