No recibe visitas, para cuidarse de la pandemia
PROGRESO.— Alfredo Enríquez Solís es el habitante más longevo de este puerto, pues anteayer jueves cumplió 103 años de edad.
Enríquez Solís vivió toda una época de transformación, crecimiento y desarrollo de la ciudad. Fue comerciante, tuvo una vinatería y un rancho, repartía leche por la ciudad y después atendía su expendio “El Triunfo”, ubicado en la calle 80 entre 27 y 29 del centro del puerto.
Hijo de los esposos Justo Enríquez Solís y Micaela Solís Martínez, nació en Mérida el 1 de abril de 1918.
En la capital ayudó a su papá en el negocio de la venta de leche.
Desde joven se trasladó a esta ciudad y continuó con su trabajo de la lechería en un rancho ubicado en la colonia Benito Juárez, en el oriente del puerto.
El negocio de la lechería lo combinaba con su expendio de vinos, licores y cervezas “El Triunfo”, el cual trabajó durante medio siglo.
Se casó con la ahora fallecida María de la Luz Ordóñez González, y tuvieron ocho hijos: la hoy extinta Carmen, René, Alfredo, Susana, Arturo, Rebeca, Pilar y Carmen de los Ángeles.
Establecido en esta ciudad, Enríquez Solís, conocido comerciante, vivió durante un tiempo en un predio de la calle 31 entre 70 y 72.
Después con su familia estableció su residencia en la calle 82 entre 31 y 33, detrás del Palacio Municipal, donde sigue viviendo. Sus hijos se turnan para acompañarlo a fin que no se quede solo.
Enríquez recorría a pie el centro de la ciudad, desde su casa a “El Triunfo”. También se le veía manejar su camioneta Chevrolet modelo 1953, única en el puerto.
Anteayer jueves uno de sus hijos la estacionó a las puertas de la casa paterna para que don Alfredo la vea.
Sus hijos dijeron que su papá les plática que vio cómo se transformó el puerto, su crecimiento y desarrollo.
Vivencias como que el ferrocarril pasaba todos los días a las puertas de su casa, la época cuando quemaron los santos y las imágenes católicas tuvieron que ser escondidas para salvarlas.
Debido a que “El Triunfo” se ubicaba en el centro de la ciudad, los demás comerciantes fueron sus conocidos y amigos, como los finados Pedro Luna Estrada, Anselmo Dib, uno de apellido Morales Lazo, y los hermanos Zacarías Dib, a quienes conoció de niños, vio crecer y hoy son prósperos empresarios pesqueros.
El centenario estudió hasta el quinto grado de la primaria y eso le bastó para sus operaciones comerciales.
A los 100 años de edad aún trabajaba, ayudando a su hija que tiene una veterinaria.
Con 103 años de vida, Enríquez Solís dice que ve bien, no usa lentes, y camina con un poco de dificultad.
Es platicador, a sus hijos y nietos les platica sobre el crecimiento del puerto, su charla es amena, sabe mucho de la historia de la ciudad.
Hasta hace unos meses leía todos los días el Diario, fue asiduo lector; ahora pide a sus hijas que le lean las noticias para enterarse de los acontecimientos diarios.
Sus hijos, nietos y bisnietos festejaron al centenario por su cumpleaños 103.
Por la pandemia de Covid-19, él no recibe visitas, su familia lo cuida, no tiene ningún padecimiento.
Debido a su edad no lo llevaron a los módulos de vacunación contra el Covid-19 para no exponerlo.— Gabino Tzec Valle
