Al agradecer a la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an su labor de 27 años de sembrar la tierra y sembrar conciencia, el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, resaltó la importancia que debe darse a recordar y preservar las enseñanzas ancestrales, que hoy están en peligro de perderse.

Como parte de la ceremonia para inaugurar las instalaciones de lo que será su “K´íiwik Uyk”, un mercado, el espacio donde las familias del interior del estado que hacen sus cultivos con el sistema agrícola ecológico podrán comercializar sus productos y medicinas botánicas directamente sin intermediarios, el arzobispo de Yucatán también hizo notar que en la actualidad se maltrata y hace daño a la naturaleza, a la tierra y es necesario cobrar conciencia en su rescate.

El sacerdote católico Atilano Alberto Ceballos Loeza, director de la escuela con sede en Maní, explicó que son una institución con un proceso educativo liberador y comprometido con las familias campesinas del interior del Estado.

Trabajan sobre todo en capacitar y preparar a la gente con la sabiduría de los ancestros mayas, especialmente para que se dejen de usar los agroquímicos en la producción del campo.

El arzobispo, para contribuir en la producción del campo, sembró dos árboles (uno de bonete y otro de balanché), en parte del amplio terreno que el Ayuntamiento de Mérida entregó en comodato a esta escuela. Es el predio No. 230 de la calle 4 entre 3 y 5 del fraccionamiento Vista Alegre Norte.— David Domínguez Massa

Concluyeron el evento con el reconocimiento a 13 nuevos médicos tradicionales.

El Pbro. Ceballos Loeza manifestó que las enseñanzas que difunden en esta escuela abarcan la preservación y el respeto al medio ambiente, a la madre tierra, a evitar la contaminación del agua, además de difundir y contribuir a mantener las costumbres de la medicina tradicional, naturista y el cultivo de plantas medicinales.

El entrevistado añadió que hoy más que nunca se requiere cada vez más reforzar esta labor, cuando se ve amenazado el medio ambiente, hay contaminación del agua, se necesitan alimentos sanos orgánicos. Es lo que se impulsa en la escuela de agricultura ecológica.

Señaló que, desde ayer, como parte de la inauguración de este espacio para la comercialización de los productos del campo de las familias del interior del Estado, empezaron a sembrar plantas medicinales y endémicas de la región, para aprovechar todo el amplio espacio que tiene el terreno otorgado en comodato.

El arzobispo plantó primero una planta de bonete, que era de lo que se alimentaban los ancestros cuando había crisis y falta de alimentos. El sacerdote Ceballos Loeza explicó que se le saca todo el tuétano de la planta y se mezcla con masa de maíz o plátanos verdes, entre otras combinaciones que les servían de alimento.

La segunda planta que plantó el arzobispo fue una de balanché, que se requiere para las ceremonias tradicionales, “las rogativas” que se hacen a los dioses para tener buenas cosechas o que se mejore el clima.

El arzobispo, luego de plantar los árboles y recorrer las mesas donde las familias ofrecían sus productos del campo, en su mensaje destacó la importancia del trabajo que realiza esta escuela para preservar las enseñanzas y conocimientos de sus ancestros, más ahora cuando prevalece el maltrato a la naturaleza.

“Tenemos que hacer conciencia de que es ya bastante tarde y urge trabajar para rescatar lo que le hemos hecho a la naturaleza, y aquí puede ayudar la sabiduría que por generaciones se ha preservado”, indicó.

Monseñor Rodríguez Vega también hizo un llamado a que en esta escuela sigan sembrando también la conciencia. “Sembremos y difundamos a la vez el evangelio, la palabra de Dios”.

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