TIZIMÍN.— Aprovechando el día de asueto escolar, las familias tizimileñas asistieron ayer en la mañana a las misas dedicadas a los difuntos en los dos cementerios de esta ciudad y, luego, fueron a colocar flores y encender veladoras en las tumbas donde descansan sus seres queridos fallecidos.
A las 8 de la mañana, el párroco Fermín Nah Chi ofició una misa en el panteón Jardín de la Paz, donde se colocaron cientos de sillas en el pasillo central, debajo de árboles que dieron sombra a los asistentes.
Posteriormente, como cada año, el padre recorrió el lugar para bendecir las criptas y pedir por el descanso de las almas de quienes se adelantaron al viaje eterno.
En el panteón Jardín del Recuerdo, o cementerio antiguo, el sacerdote Pedro Echeverría López ofició la ceremonia debajo de los árboles de pich que están en la entrada del camposanto.
Recordó que la Eucaristía en el signo para estar vivos. “El que come del pan y bebe del cáliz vivirá para siempre”, destacó el presbítero.
Asimismo, exhortó a los católicos a orar siempre por el descanso de los difuntos.
El padre recordó la frase de San Agustín de Hipona: “Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora, y una oración por su alma, la recibe Dios”.
Al terminar la ceremonia, como cada año y pese a la reducción de espacios para caminar entre las criptas, el sacerdote cumplió con la bendición de todas las tumbas del cementerio.
En ambos camposantos, la Policía Municipal implementó operaciones para salvaguardar la integridad de los asistentes y controlar el tránsito vehicular en los alrededores de los mismos.
En Valladolid, en una romería de flores se convirtió ayer el cementerio general por la visita de cientos de familias que fueron a convivir con sus difuntos.
Desde antes de las 7 de la mañana el cementerio municipal comenzó a registrar movimiento de los dolientes y de vendedoras ambulantes que ofrecieron una variedad de flores y veladoras.
Se oficiaron tres misas, en las que los párrocos realizaron la bendición de flores y veladoras. La primera ceremonia fue a las 7 de la mañana frente al cementerio. Al término, las familias visitaron los sepulcros.
Algunas familias contrataron un mariachi para cantarles a sus seres queridos fallecidos. Otros oraron por el descanso de los finados.
Además, una personas ofreció servicio de lavado y remozamiento de tumbas en más 300 pesos y solo ayer ganó unos 1,000 pesos.
Llamó la atención que, pese a su dificultad para caminar, algunos dolientes acudieron, solos o acompañados, para dejar flores o una veladora a sus fieles difuntos.
Mujeres de edad avanzada hasta pintaron las tumbas que fueron a visitar, rezaron por sus muertos o solo se quedaron en silencio.
“No es el final”
El padre Joel Tuz Canul, de la parroquia San Servacio, destacó en la homilía que la muerte no es el final, ni a destrucción, sino es un momento importante de nuestras vidas para pasar a la casa del Padre, a la cual estamos invitados desde el día de nuestro bautismo.
“Este día, aunque es el Día de Muertos, huele a vida, a resurrección, es la fiesta de la vida eterna”, enfatizó.
“Pese al ambiente de melancolía que se vive, hay que agradecer a Dios porque nuestros difuntos están vivos y viven para siempre”, agregó el sacerdote.
La responsable del cementerio dijo que desde el 31 de octubre un gran número de personas ha visitado el camposanto. Ayer fue el último día que el panteón cerró a las 9 de la noche.
A partir de hoy se reanudará el horario de 7 de la mañana a 5 p.m.— Isauro Chi Díaz/ Wendy Ucán Chan
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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam
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