PROGRESO.— En uno de los cotidianos episodios del lado oscuro de la pulpeada, el viernes pasado por la tarde a bordo de una camioneta, un pescador de la flota mayor en estado de ebriedad era trasladado hasta la salida de la bocana del puerto de abrigo en los muelles que colindan con una tienda de conveniencia, en donde una lancha esperaba para llevarlo hasta la embarcación que estaba fondeada frente a las costas progreseñas.
El pescador, visiblemente ebrio y sin despacho para viajar en un barco, se negaba a bajar de la camioneta y decía que solo le dieron $3,000 de anticipo. La persona que lo llevó en el vehículo le respondía que era mentira, pues le dieron una buena cantidad y tenía que trabajar.
El hombre de mar descendió de la unidad e intentó correr, pero lo alcanzaron y finalmente abordó la lancha y lo trasladaron para embarcarlo, mientras que otros tripulantes subían canastillas de cervezas para consumir durante el viaje.
Se burló de la revisión que el personal de la Capitanía de Puerto de Yucalpetén realiza a los barcos antes que zarpen del puerto de abrigo debido a que el pescador ebrio no figuraba en la lista de los tripulantes al ser un polizón.
Similar caso ocurrió en Chicxulub Puerto frente al muelle donde fondean barcos de la flota mayor y desembarcan alijos que se dirigen al atracadero que abordan pescadores que no están despachados.
Carecen de libreta de mar y para completar la tripulación, polizones viajan clandestinamente, en su mayoría hombres de mar foráneos que llegan para sumarse a la pulpeada.
Los pescadores abordan los alijos, algunos bajos los efectos del alcohol y de otras sustancias toxicológicas; recibieron un anticipo de $20,000 para un viaje de 22 días, aunque no contaban con documentación y la única forma de formar parte de la tripulación es viajar de polizones.
En cada uno de los 500 barcos dedicados al pulpo, de los 20 tripulantes, de tres a cuatro pescadores viajan sin estar despachados, así que entre 1,5000 y 2,000 son polizones.
Hacen caso omiso
Las autoridades marítimas lo saben, dicen patrones de barcos, y solo cuando ocurre algún incidente, extravío o fallecimiento, salen a relucir esas irregularidades.
En el lado oscuro de la pulpeada, en alijos que bajan en Chicxulub Puerto y en otros puntos de la costa, además de los pescadores no despachados, también llevan cervezas que piden los pulperos para “curar la cruda” y no sufrir resaca y los delirios de persecución por el consumo de bebidas etílicas en su estancia en tierra.
Patrones de barcos entrevistados, quienes pidieron no ser identificados, narran que el consumo de sustancias en las naves pesqueras es una vieja práctica. Antes solo llevaban marihuana para su consumo personal, pero el cannabis ha sido rebasado por otras sustancias más “fuertes” y peligrosas.
“El pescador justifica el consumo de drogas, quien soporta estar solo en un alijo en la inmensidad del mar, los fuertes rayos solares y lluvias por varios días, y el riesgo que te lleve una mantarraya o ataque un tiburón o reciba un golpe de marejada que haga que el alijo del pantoque (volee)”, detallan.
De acuerdo con información que proporcionaron, la mayoría de los pescadores que consumen drogas son foráneos, procedentes de los puertos de Tabasco, Veracruz y Campeche, y algunos chiapanecos.
Residen de manera temporal, ya que no tienen familias en el puerto, duermen en los barcos o en la playa luego de embriagarse en las cantinas.
Mariano Uicab Canul, presidente de la Federación Regional de Cooperativas Pesqueras, relata que hace unas semanas cuando trajeron a un pescador de langosta que murió en el arrecife Alacranes, en los muelles de Yucalpetén, un pescador que estaba en completo estado de ebriedad, se quedó dormido en el atracadero, “hasta que se le pasó la borrachera y crudo pudo abordar y viajar, en alta mar sufrió los efectos de la falta de alcohol”.
Trabajan intoxicados
En el lado oscuro de la pesca, que se acentúa en la pulpeada, Uicab Canul destaca que numerosos pescadores viajan borrachos o drogados las embarcaciones y en alta mar sufren delirios.
En ese caso, el resto de los tripulantes los amarran para que no se arrojen al mar.
Esa es la vida a bordo de los barcos. Todo lo que ocurre se queda ahí, no siempre se revela, a menos que suceda una tragedia.
Durante la pulpeada el narcomenudeo aumenta, lo que ha derivado también en operativos antidrogas en distintos puntos de la ciudad, en especial por la zona poniente, en colonias pobladas principalmente por pescadores y cerca de los muelles pesqueros.— MEGAMEDIA
