PROGRESO.— Con la cabeza fría y el corazón caliente, así es como el presbítero Óscar Cetina Vega ha llevado las riendas de la parroquia de la Purísima Concepción y San José desde el 19 de febrero de 2019, quien enfrentó la pandemia del Covid-19 cuando los templos fueron cerrados, y quien en la actualidad lleva al cabo misiones pastorales para acercar la iglesia a las familias de las colonias progreseñas.
Además, el padre Cetina Vega encara el reto que muchos niños grandes no estén bautizados aunque asisten a misa, así como en esta ciudad hay muchos enfermos postrados, que necesitan de la gracia de Dios, a quienes se visita y lleva la comunión.
“Se les pregunta a los enfermos ya adultos si están bautizados, dicen que no se acuerdan, pero tampoco aceptan ser bautizados. Muchos niños grandes no están bautizados, tampoco han sido confirmados, no han hecho su primera comunión y no pueden recibir los sacramentos”, explica.
No escapa de su cabeza que los problemas sociales son causados por la drogadicción y el alcoholismo en los seis años al frente de la parroquia progreseña, ya que se ha dado cuenta que hay mucho consumo de sustancias nocivas, origen de la desintegración familiar, lo que significa un desafío para la parroquia.
“En las colonias del sur de la ciudad, oriente y poniente, parece que se llega a una tierra de nadie, se ve otro panorama, nadie conoce a nadie, es allá a dónde va la iglesia, a llevar la palabra de Dios por medio de las misiones pastorales”.
Sexto aniversario
El pasado miércoles 19 del presente mes, el presbítero Cetina Vega, quien es arquitecto, cumplió su sexto aniversario de asumir la parroquia, en sustitución del padre Francisco Mukul Domínguez.
Poco antes de cumplir el primer año, le tocó enfrentar la pandemia del Covid-19 y el recinto fue cerrado el 17 de marzo de 2020 y reabierto en septiembre del mismo año.
En entrevista en sus oficinas parroquiales, declara que la pandemia lo enfrentó con la cabeza fría y el corazón caliente; fue una época de más oración, mayor formación sacerdotal y acercamiento a Dios. No se enfermó, pero ese mal ocasionó la muerte de un centenar de progreseños, algunos colaboradores de la parroquia.
Todos los días oficiaba misa a las 7 de la mañana.
De 67 años de edad, comenta que será su séptimo carnaval en Progreso, su sexta Semana Santa, prepara también la fiesta de San José, patrono de la parroquia, que será el próximo 19 de marzo, y celebrará su cumpleaños el 17 de abril.
Menciona que su estancia en este puerto ha sido una época atípica, intensa y de grandes desafíos, de compartir la esperanza, el amor, caminando con la parroquia.
¿Cómo ha vivido el párroco en los últimos seis años en Progreso?
“Seis años que he vivido con plenitud y agradecido con Dios por esta comunidad. Mi frase de ordenación dice: ‘Pastoréame, señor, para que conmigo sea pastor de mi pueblo’. He vivido un tiempo especial de gracia, a veces podemos irnos con la finta de pensar que hacer cosas es la expresión de la plenitud”.
“No es lo mismo darse que desparramarse, cuando un río se desborda cuánta muerte trae, en cambio cuando riega canales hace bien, darse con moderación que implica las virtudes, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Es muy importante en la vida cristiana, sobre todo en los sacerdotes”.
“Me he dado a Progreso y también he aprendido los caminos para descubrir la generosidad del progreseño que se da a su estilo, es una constante de los habitantes de la costa, meticulosa, pendientes del mar, del clima , eso los hace especiales, el mismo puerto nos ayuda a leer signos de los tiempos y discernirlos”, agrega.
Generosidad porteña
Durante la pandemia, apunta que se manifestó la generosidad y solidaridad de los progreseños.
Y como lo dijo San Juan Pablo II hace unos 20 años, “el nombre de la caridad se llama solidaridad”.
“Para mí, estos seis años han pasado muy rápido. Eso es buena señal, porque lo disfruté, pues el tiempo se eterniza cuando algo te pesa. En cambio, estos 72 meses pasaron rápido, parece que fue ayer cuando llegué a Progreso. En ese tiempo ha habido buen trato con las autoridades, con la gente y sus diferentes expresiones de vida, con el magisterio que proporciona escuelas para retiros espirituales. Hay una apertura de corazón de parte del progreseño”. (Continuará).
