TIZIMÍN.— Durante 45 años, María Adalberta Couoh May ha bordado la memoria de su pueblo con hilo y paciencia, al grado que a sus 65 años ha creado más de 400 ternos tradicionales.
Cada uno cosido con el mismo cuidado como otros escriben una carta o rezan una plegaria.
Después del 14 de agosto todo cambió: una mujer llegó a su casa diciendo que le urgía un terno para su hija, quien “es estudiante en una universidad de Valladolid”.
Doña Berta, como es mejor conocida, aceptó rentárselo por 600 pesos: “Me dijo que apenas le dejara de servir me lo iba a regresar”.
“Yo estaba muy aturdida, tenía un problema familiar con uno de mis hijos y, la verdad, dudé; no se lo quería rentar, pero insistió tanto esa mujer que accedí a rentarle el terno”.
“Por mis preocupaciones no le pedí su credencial ni su número de teléfono, me confié y desde entonces no volví a saber del terno”, dice con la voz entrecortada.
Pide ayuda para recuperar una preciada prenda en Tizimín
Días y semanas después llamó a las personas que conocía, buscando reconocer la voz de la mujer, pero no la ubicaba, solo le dijo que era vecina de la colonia Santa Rita en Tizimín.
Para doña Berta nada volvió a ser igual, pues el terno no era uno más para ella. La prenda multicolor y elegante era especial: recién terminado había sido estrenado por su nieta.
Según dice, era una de sus piezas más queridas, valuada monetariamente en 20 mil pesos, pero con un valor sentimental mayor, “imposible de medir”.
“Ese lo hice yo, le puse una marca secreta. Solo yo sé dónde está esa marca”.
María difundió en redes sociales la fotografía del terno robado. Con ayuda de sus hijos lleva dos meses buscándola, incluso ha ofrecido una recompensa a quien pueda ayudarla a recuperarlo.
Ella pide que si alguien lo ve durante el convite de la feria de Tizimín, cuando muchas mujeres visten con ternos bordados, le avisen. Cree que tal vez, entre ellos aparezca el suyo, pues es único y lo conoce a la perfección.
“No quiero problemas, solo quiero que regrese”.
Para Adalberta el terno no es solo un simple bordado y encajes, es el retrato de una vida entera dedicada al arte de bordar: le robaron más que un vestido, le arrebataron un pedazo de su historia.
La modista muestra las fotografías cuando estrenó el terno su nieta, el único recuerdo que le queda.



gente oportunista, ojala lo encuentre la señora y sobre todo den a conocer quien fue la que se paso de viva,.