La Arquidiócesis de Yucatán advirtió sobre un incremento en los reportes relacionados con personas que se presentan como ministros de culto en hospitales y funerarias, ofreciendo servicios religiosos que hacen creer a las familias que pertenecen a la Iglesia católica, cuando en realidad no forman parte de ella.
El presbítero Jorge Martínez Ruz, vocero de la Arquidiócesis de Yucatán, explicó que este tipo de situaciones se ha presentado durante los últimos años, aunque en meses recientes los casos se han intensificado, por lo que la Iglesia ha reiterado el llamado a la población para evitar ser víctima de engaños.
“En los últimos años, y sobre todo en los últimos meses, hemos recibido reportes de varios tipos de fraudes, como es el caso de hospitales y funerarias, donde se presentan personas como ministros de culto. Se amparan diciendo que no son católicos, pero los ritos que realizan son muy similares y muchas personas no hacen la distinción”, señaló.
El sacerdote explicó que algunas de estas personas incluso dejan sus nombres o números telefónicos en funerarias y hospitales para que sean contactadas cuando alguna familia solicite atención espiritual, una práctica que, subrayó, no realizan normalmente los sacerdotes o diáconos ordenados por la Iglesia católica.
“La Arquidiócesis recibe reportes con frecuencia de este tipo de fraude. Lo llamamos fraude porque la gente espera un servicio y recibe otra cosa o simplemente es engañada”, indicó.
Periódicamente la Arquidiócesis publica avisos preventivos porque, en determinadas temporadas, este tipo de prácticas aumenta considerablemente.
“Con cierta regularidad hacemos esta publicación porque a veces el engaño se intensifica mucho”, lamentó el sacerdote.
¿Se puede proceder legalmente con un fraude en un culto?
El padre Martínez Ruz indicó que con frecuencia las personas preguntan si es posible proceder legalmente contra quienes realizan estas prácticas; sin embargo, admitió que jurídicamente resulta complicado.
“Como se trata de servicios religiosos es difícil demostrar desde la ley que existe un fraude. Además, quienes recibieron el servicio generalmente solo presentan una queja y ya no continúan con el proceso. Tendrían que ser ellos quienes presentaran una denuncia”, explicó.
Estas personas pueden adoptar una apariencia semejante a la de un ministro católico, aunque sin afirmar expresamente que pertenecen a la Iglesia católica.
“Incluso pueden decir que no son católicos y argumentar que realizaron el servicio conforme a su propio credo. En esos casos es complicado reclamar algo más allá del engaño, porque el servicio ya fue realizado”.
El sacerdote señaló que los ministros ordenados por la Iglesia católica no acostumbran ofrecer directamente sus servicios ni repartir tarjetas de contacto. “Los sacerdotes y diáconos normalmente son localizados a través de las parroquias. Esa es la forma ordinaria de solicitar este tipo de atención pastoral”.
Explicó que muchas de las personas que llegan a hospitales o funerarias dan a entender que son ministros de culto, pero omiten especificar a qué confesión religiosa pertenecen.
“Dicen que son sacerdotes o ministros, pero no aclaran más allá de eso. Incluso hemos detectado casos en los que utilizan documentación falsa”, aseguró.
Como ejemplo, recordó el caso de un supuesto diácono que mostró una credencial que hacía pensar que pertenecía a la Iglesia católica.
“Unas personas le pidieron identificarse y presentó una credencial supuestamente expedida por la Arquidiócesis de México. Al investigar descubrimos que esa persona no existía en sus registros y que la credencial era falsa”, relató.
Recomendaciones ante posibles fraudes
Ante situaciones como una enfermedad grave o el fallecimiento de un familiar, cuando las personas buscan con urgencia acompañamiento espiritual, el sacerdote recomendó contactar siempre, en primer lugar, a la parroquia correspondiente al lugar donde se requiera el servicio.
Reconoció que, debido a la demanda pastoral, en ocasiones no resulta posible atender de inmediato todas las solicitudes.
“Sí llegamos, pero a veces no tan rápido ni tan fácilmente. Por eso es importante recordar que el contacto siempre debe hacerse a través de una parroquia o mediante la recomendación de una persona que conozca realmente al sacerdote. De esa manera se tiene la certeza de que se trata de un ministro ordenado por la Iglesia católica”, explicó.
Cuando exista alguna duda sobre la identidad de quien se presenta para ofrecer un servicio religioso, el presbítero Jorge Martínez Ruz aconsejó preguntar directamente a qué parroquia pertenece, en qué año fue ordenado, quiénes fueron sus compañeros de ordenación o, incluso, solicitarle una identificación. No obstante, reiteró que la referencia más confiable siempre será la parroquia con la que el ministro esté vinculado.
El vocero de la Arquidiócesis subrayó que los actos litúrgicos realizados por personas que usurpan la identidad de sacerdotes o diáconos carecen de validez para la Iglesia católica.
“Cuando un usurpador realiza estos oficios, no son válidos. Esa agua bendita no es bendita”, afirmó.
Añadió que, en algunos casos, estas personas llegan incluso a simular la celebración de la misa, aunque dicho rito tampoco tiene validez. “Estas personas están jugando con la fe de quienes atraviesan momentos muy difíciles. Si alguien únicamente fuera a rezar, tendría que explicar claramente qué está haciendo y no engañar a las personas. Aprovecharse de quien se enfrenta a la enfermedad de un familiar o acaba de perder a un ser querido es muy injusto”.
Martínez Ruz explicó que la Arquidiócesis de Yucatán cuenta con un diácono encargado de coordinar la atención espiritual que solicitan las funerarias y las parroquias cuando requieren el apoyo de un ministro ordenado.
Precisó que las funerarias pertenecen al territorio de una parroquia y, por lo tanto, pueden comunicarse con ella para solicitar el servicio correspondiente.
Sin embargo, reconoció que muchas personas no mantienen un vínculo cercano con su comunidad parroquial y, ante la necesidad inmediata, aceptan la ayuda de cualquier persona que se presente como ministro de culto.
“Ese es uno de los motivos por los que estos casos se presentan con frecuencia en funerarias y hospitales, donde las familias buscan acompañamiento espiritual para un enfermo o una persona fallecida”, indicó.
Atención pastoral: ¿a quién contactar?
El sacerdote informó que el diácono Rafael García Tun es el encargado de coordinar la atención pastoral en las funerarias de Mérida.
Aclaró que su función no consiste necesariamente en acudir personalmente a prestar el servicio religioso, sino en servir como enlace para localizar a un sacerdote o diácono ordenado que pueda atender a la familia.
“Si la parroquia más cercana no puede proporcionar el servicio, entonces puede facilitarse el contacto del diácono para ayudar a encontrar a un ministro ordenado. Sin embargo, lo primero siempre debe ser acudir a la parroquia”, enfatizó.
Asimismo, puntualizó que las funerarias no representan oficialmente a la Arquidiócesis de Yucatán, ya que únicamente ofrecen sus propios servicios, aunque muchas conocen el mecanismo de coordinación con el diácono responsable.
El padre Martínez Ruz lamentó que este tipo de prácticas refleje una pérdida de respeto a la fe de las personas. “Así como hubo una época en la que aumentaron las llamadas de extorsión y otros tipos de fraude, ahora también estamos viendo este fenómeno”, advirtió.
Agregó que estas situaciones no solo ocurren en funerarias y hospitales, sino también en capillas privadas no autorizadas para el culto católico.
“Hay lugares donde aparecen ministros que celebran y ofrecen incluso sacramentos de una manera distinta, diciendo que es lo mismo, cuando en realidad no lo es. También sucede en casas particulares o en capillas de haciendas que no cuentan con autorización de la diócesis para celebrar la misa”, advirtió.
Señales de alerta
El sacerdote señaló que una primera señal de alerta consiste precisamente en que la celebración se realice en un sitio que no esté autorizado para el culto público.
“Si alguien dice que puede celebrar una boda, unos XV años o cualquier misa en un lugar que no está aprobado por la diócesis, hay que preguntarse si realmente ese sacerdote es un ministro válido”, señaló.
Explicó que resulta sencillo identificar los templos autorizados, ya que en ellos se celebran misas de manera habitual y están abiertos al culto público.
“Sabemos dónde hay misas y dónde no las hay. Ese es el criterio más sencillo. Los lugares donde semanalmente se celebran eucaristías son espacios de culto público. En cambio, hay sitios privados donde no cualquiera puede entrar, donde permanecen cerrados o donde únicamente se realizan eventos particulares. Desde ese momento ya existe un motivo para sospechar”, afirmó.
Añadió que también es posible preguntar directamente a los propietarios del inmueble si cuentan con la autorización de la diócesis para la celebración de sacramentos.
“Quienes administran esos lugares saben perfectamente quiénes tienen permiso y quiénes no”, indicó.
Finalmente, reiteró que ante cualquier duda lo más importante es acudir a la parroquia más cercana, recomendación que también aplica para personas que visitan domicilios ofreciendo imágenes religiosas, biblias u otros artículos en nombre del Arzobispo, del Seminario o de algún párroco.
“Si alguna venta realmente fuera promovida por el arzobispo o por un párroco, nosotros la anunciaríamos en nuestras redes sociales y en los canales oficiales de información. La referencia siempre será la parroquia”, afirmó.
El vocero de la Arquidiócesis concluyó con un llamado a verificar cualquier información relacionada con servicios religiosos antes de aceptarla.
“Si alguien tiene duda de si algo es cierto o no, pregunte en su parroquia. Ahí le dirán si realmente es cierto o no”, puntualizó.
