Delfina Ayala Díaz comienza desde el 17 de junio a cortar, seleccionar y guardar los materiales de sus ramilletes, una anticipación que le permite entregar todos los pedidos antes de las fiestas de fin de año
Delfina Ayala Díaz comienza desde el 17 de junio a cortar, seleccionar y guardar los materiales de sus ramilletes, una anticipación que le permite entregar todos los pedidos antes de las fiestas de fin de año
  • Delfina Ayala Díaz comienza desde el 17 de junio a cortar, seleccionar y guardar los materiales de sus ramilletes, una anticipación que le permite entregar todos los pedidos antes de las fiestas de fin de año
  • La artesana de Tizimín no solo elabora ramilletes: sus manos también dan forma a coronas, flores y figuras diversas que acompañan distintas celebraciones religiosas y tradicionales, un oficio que aprendió desde niña y mantiene vivo
  • Las creaciones de Delfina Ayala han rebasado las fronteras de Tizimín: sus ramilletes llegan a distintos municipios de Yucatán y a localidades de Quintana Roo, entre ellas zonas cercanas a Cancún, para promesas religiosas
  • Un ramillete de flores amarillas con tiras de papel picado verde

TIZIMÍN.— Cuando todavía faltan semanas para las principales celebraciones religiosas de fin de año, Delfina Ayala Díaz ya tiene las manos ocupadas entre bejucos, papeles de colores y flores.

Para ella, la temporada de ramilletes no comienza cuando se acercan las fiestas, sino meses antes, con la paciencia de quien conoce cada detalle de un oficio que ha marcado su vida durante más de medio siglo.

A sus 64 años, Delfina Ayala suma 52 de experiencia en la elaboración de estos adornos tradicionales, un trabajo artesanal que aprendió desde niña y que se ha convertido en sustento para su familia, pero también en una forma de cumplir promesas religiosas y mantener vivas las costumbres de Tizimín.

Aprendizaje temprano

Su historia comenzó a los 12 años, cuando su padre, William Ayala López, la apoyó para tomar cursos en Mérida con la intención de que aprendiera un oficio que pudiera desempeñar desde su propio hogar.

En la elaboración de flores, coronas y ramilletes encontró una alternativa para salir adelante sin abandonar la tranquilidad de su casa. Aunque durante algunos años dejó parcialmente la actividad por su matrimonio y su traslado a Campeche, nunca se desprendió por completo de ella: continuó elaborando sus piezas y, al regresar a Tizimín, retomó el oficio de lleno.

Desde entonces, sus manos han dado forma a cientos de arreglos que cada año acompañan las celebraciones de la comunidad.

Trabaja desde junio

En el taller de Delfina, la temporada fuerte se prepara con anticipación. Desde el 17 de junio, fecha que relaciona con la primera bajada de los Reyes, comienza a trabajar con el material que utilizará durante los meses siguientes.

El bejuco es la base de sus ramilletes y debe conseguirse y prepararse en el momento adecuado para conservarlo en buenas condiciones y evitar que se deteriore. También emplea otros materiales para formar las estructuras, procurando que las piezas no resulten pesadas al cargarlas.

Más que acomodar flores y papeles, primero corta y selecciona los materiales, los guarda en cajas y los protege para conservarlos. Después comienza el armado, una labor minuciosa que requiere paciencia, delicadeza y creatividad.

Ritmo de pedidos

Conforme se acercan las fiestas, el ritmo aumenta: para la celebración de San Judas Tadeo, el 28 de octubre, tiene previsto elaborar 50 ramilletes. A partir de entonces, buena parte de su tiempo se concentra en cumplir con los pedidos, por lo que fija como fecha límite el final de octubre para recibir encargos.

No se trata de falta de voluntad para atender a más clientes, sino de una cuestión de tiempo, pues necesita dedicar noviembre y los primeros días de diciembre al armado de las piezas para entregarlas antes de las celebraciones y de sus compromisos religiosos.

Su meta es tener todo listo a más tardar el 15 de diciembre, pues después debe atender también los preparativos de sus novenas a la Virgen.

Más allá de Tizimín

El trabajo de Delfina ha rebasado las fronteras de Tizimín: sus ramilletes llegan a distintos municipios de Yucatán y a localidades de Quintana Roo, entre ellas zonas cercanas a Cancún.

Cada año elabora más de 100 piezas, una producción que aumenta conforme se aproximan las festividades y se multiplican los pedidos de quienes buscan cumplir sus promesas.

Incluso cuenta con un catálogo que incluye ramilletes chicos, medianos y grandes, con precios de 350, 500 y 900 pesos, respectivamente. También realiza piezas monumentales de aproximadamente 2.50 metros, con un costo de 2 mil 500 pesos.

Materiales más caros

Aunque reconoce que los materiales han encarecido considerablemente, procura mantener sus precios para no afectar demasiado la economía de sus clientes.

Su hija la ayuda a mostrar los modelos con fotografías reunidas en un catálogo que comparten con los interesados a través de las redes sociales. De esta manera, los clientes pueden conocer los diseños y realizar sus encargos con anticipación.

Pese a los años dedicados a esta actividad, hay algo que le preocupa más que el aumento en el precio de los materiales: nadie de su familia quiere continuar con la elaboración de los ramilletes.

“Es una tradición que se va a perder”, expresa con tristeza al hablar de la falta de interés por aprender.

A lo largo de los años ha visto cómo fallecen personas que también se dedicaban a elaborar algunos de los elementos tradicionales y cómo ciertos trabajos se vuelven cada vez más difíciles de conseguir.

Su trabajo no se limita a los ramilletes: a lo largo del año elabora coronas, flores y macetas, entre otros artículos, y ofrece sus productos de acuerdo con las temporadas y las necesidades de sus clientes.

“Esto me sirvió para mantener a todos mis hijos y sacar adelante a toda mi familia”, dice.

Colaboradora de Megamedia en municipios del oriente de Yucatán desde junio de 2009. Cubre noticias generales en las comunidades de esta región: política, gobierno, campo, ganadería, sucesos policíacos, religión, artes y cultura.