(Artículo publicado el 3 de septiembre de 1999)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Debajo del nuevo maquillaje, el rostro político de la televisión mexicana tiene los mismos rasgos gobiernistas de siempre.

En el programa “Hechos” de Televisión Azteca, anteanoche, el presentador Javier Alatorre llamó al comentarista Sergio Sarmiento para analizar la respuesta del presidente del Congreso, Carlos Medina Plascencia, al informe del presidente de la República Dr. Ernesto Zedillo.

Dijeron que el discurso de Medina, “provocativo”, “incendiario”, fue la causa del comportamiento tormentoso de los diputados.

Lamentaron el contraste entre la exhortación a la tolerancia y la pluralidad, que ocupó varios minutos en el mensaje del Dr. Zedillo, y el alboroto de los legisladores en que derivó la violencia oratoria de Carlos Medina.

De común acuerdo, acusaron al Congreso de ser un desprestigio para México.

Durante el análisis, TV Azteca proyectaba una y otra vez el rostro de Carlos Medina mientras pronunciaba su discurso. Un rostro silencioso: se suprimía la voz. A veces se oía la palabra del orador, pero lejos, inintelegible, porque se le encimaban las voces de Alatorre y Sarmiento.

Javier puso fin al análisis con un anuncio: al terminar “Hechos”, Televisión Azteca estrenaría un programa, “Línea de fuego”, dirigido por Eduardo Ruiz Healy, y lo dedicaría a nuevo análisis del polémico discurso de Carlos Medina.

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En “Línea de fuego” participaron un representante por cada uno de cinco partidos políticos.

El diputado Ricardo Cantú, del Partido del Trabajo, precisó que el escándalo no se podía atribuir a todo el Congreso. Sólo un legislador de la oposición, el perredista Félix Salgado Macedonio, fue reo de conducta censurable. En cambio, decenas de diputados del PRI se pararon a interrumpir con injurias y otras agresiones verbales el discurso de Medina Plascencia.

El diputado Jorge Emilio González Martínez indicó que su discurso también fue interrumpido por expresiones airadas de diputados del PRI.

El diputado Pablo Gómez, del PRD, hizo esta crítica al mensaje de Zedillo: improcedente, porque se refirió a sus cinco años de gobierno mezclando los resultados de la administración federal con los resultados de las administraciones estatales y municipales. La ley prescribe -recalcó Pablo- que el informe se ciña al año al que se refiere.

Medina Plascencia, representante del PAN, atribuyó una sola causa al pandemónium: el PRI no está acostumbrado a que se le diga la verdad ni menos a que se le señalen al Presidente los errores de su gobierno.

Hubo un común denominador en las intervenciones de Ricardo Cantú, Pablo Gómez, Jorge Emilio González y Carlos Medina. Todos hablaron pausadamente, con calma, a medio tono, sin perder la compostura.

El representante del PRI, senador Eduardo Andrade, entre gestos y ademanes, disparaba las palabras con sonante velocidad de ametralladora, tal vez porque se enfrentaba a cuatro adversarios que condenaban la conducta de los diputados priístas y se unían en unánime apoyo al discurso de Medina.

Andrade opinó que el discurso de Medina no fue “conciso” ni “general”, como dispone la ley que sean las respuestas a los informes, y acusó a Carlos de abusar de su posición, de olvidar que, como presidente del Congreso, debía hablar en nombre de todos los partidos en vez de expresarse como un vocero de la oposición.

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La respuesta de Carlos Medina al presidente Zedillo, ¿fue provocativa, incendiaria, irrespetuosa? ¿No fue concisa? ¿Tampoco fue general? Lo que Carlos Medina le dijo a Ernesto Zedillo, ¿es verdad o es mentira? Las personas que, como yo, vieron “Hechos” y “Línea de fuego” se quedaron sin saberlo. En ambos programas, que comenzaron a las diez y media de la noche y concluyeron muy pasada la medianoche, ni Javier Alatorre, ni Sergio Sarmiento, ni Eduardo Ruiz Healy mencionaron un solo concepto del discurso de Carlos Medina.

Televisión Azteca ocultó la respuesta de Medina. No dio a su teleauditorio la oportunidad de saber qué concepto fue incendiario, qué crítica fue irrespetuosa, qué censura fue provocativa. A quienes vimos los programas no se nos permitió comprobar si fue conciso el discurso o no lo fue, si trató los temas en forma general o detallada.

Televisión Azteca atacó el discurso de Carlos Medina con una táctica que se aparta de la ética periodística elemental para caer de plano en la manipulación y la parcialidad.

El objetivo, doble, es descarado, a pesar del maquillaje. Proteger al Presidente. Proteger al PRI, atribuyéndole también a la oposición los desmanes de los diputados priístas.

Los yucatecos pudimos leer en el periódico el texto total del discurso de Carlos Medina. Lo comparo con la “información” que me dio Televisión Azteca y concluyo que Alatorre y Sarmiento trataron de engañarme. La respuesta de Medina al Dr. Zedillo no me parece irrespetuosa. Tampoco provocativa, violenta o incendiaria. La veo concisa en su exposición general de los desaciertos que le señala al Presidente.

Leo las crónicas de “El Universal”, de “La Jornada”, de France Presse, de la DPA, de Apro, y compruebo que TV Azteca trató premeditadamente de engañarme. Los responsables del tumulto en el Congreso de la Unión, la intolerancia, los desmanes, el intento de asalto a la tribuna, las injurias y los insultos que denigran a México son precisamente los diputados del PRI. No nos sorprende: en Mérida los hemos visto estropear la imagen de Yucatán con una conducta parecida en el Congreso del Estado.

(Según la prensa capitalina, el “Noticiero” de Televisa y su conductor, Guillermo Ortega Ruiz, tuvieron un comportamiento muy similar al de TV Azteca).

La desinformación es el gran daño de la televisión a México. No tanto por lo que dice, pues cada día tiene menos credibilidad, sino por lo que calla, silencia y oculta para servir sin pluralidad al partido en el poder. No tanto por el mal que causa, que es bastante, sino por el bien que deja de hacer, que es mucho mayor.- E.R.A.- Mérida, Yucatán, 2 de septiembre de 1999.

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