(Primera Columna publicada el 4 de febrero de 2001)

Está creciendo la impaciencia, don César. La gente no ve claro. El Trife se mueve en cámara lenta: le pide permiso a un pie para mover el otro. Parece que la doctrina que predica don Vicente es letra muerta en Yucatán. ¿Nos irán a dejar vestidos y alborotados?Don César Pompeyo cerró el libro que estaba leyendo, “History of chess” (Historia del ajedrez), por HJR Murray (segunda edición, 1926), y lo asentó con cuidado en una banca de la Plaza Grande: la de costumbre.

-Hay varias versiones sobre el desacato, reportero. No hay consenso aún sobre cuáles son sus multas. Son diversos también los modos de verlo.

-Yo sólo puedo verlo de una manera: la defensa de la ley. Estamos en su cumpleaños y la festejamos a palos. El desacato se ha convertido a la Constitución en una piñata.

-El desacado es un juego, periodista. Los consejeros del Trife son las blancas…

-Y los consejeros del PRI son las negras -completó el reportero.

-No se dicen consejeros del PRI. Tampoco espurios o delincuentes. El término imparcial es consejeros del Congreso. O de la 57, si quieres referirte a su “modus vivendi”.

-Los consejeros son las piezas del juego -continuó Pompeyo-. Los jugadores están detrás. Es un juego de los diputados del PRI contra los magistrados del Trife.

-¿Dónde juegan? -En un tablero de cuadros. Los cuadros son la ley, las plataformas electorales, los registros, los tiempos y las formas, las convocatorias, el 27 de mayo. Unos se mueven como caballos, otros como alfiles. La reina va por todas partes. La torre suele defender al rey. -Yo no soy aficionado al ajedrez, don César.

-Por eso no entiendes el desacato y te impacientas. En el ajedrez se va despacio. Hay sistemas de juego, conocidos como aperturas o variantes, diseñados por los grandes maestros, que te permiten avanzar con rapidez hasta cierto punto.

-En esta partida del desacato, ¿juegan grandes maestros? -Ya estás entiendo. Detrás del Trife es el secretario de Gobernación.

El dicta las jugadas por su celular.

-Y detrás de las negras está el gobernador.

-Brillante, reportero. Ya tienes el paisaje actual del desacato: don Santiago Creel contra don Víctor Cervera. Es una partida que está ganando interés nacional y alivio internacional. No es la primera vez que se enfrenta. Ya jugaron varias veces.

-Se conocen bien, ¿no? -Bastante, pero don Santiago sigue recabando datos sobre Víctor, sobre sus jugadas como secretario de la Reforma Agraria, sus movidas como gobernador. Está reuniendo un “dossier”, un libro blanco, sobre sus tácticas de juego. Cuando lo termine tratará de dar el jaque, el “chessmate” -¿Qué defensa puede usar el señor Cervera? -Varias. La defensa Madrazo, aconsejada cuando la partida se prolonga y llega a la madrugada. La llamada “concertecesión”, que es un cambalache de piezas que suele terminar en tablas. La defensa Villanueva. Víctor es un experto en esta defensa que se utiliza en casos de jaque al rey. El la diseñó y utilizó por primera vez.

-¿Cómo va la partida? -Como no se sabe qué piensan los grandes maestros, cualquier pronóstico es aventurado. ¿Qué busca don Santiago? ¿El imperio de la ley? ¿Salvar las elecciones? ¿Que el PRI aprueba el IVA de las medicinas? ¿Eliminar a Víctor del torneo? -¿Qué busca a Víctor con el desacato? -prosiguió don César-. ¿La presidencia del partido? ¿Que Orlando sea el candidato? ¿La República del Sureste? ¿Salvar el pellejo y que no le quiten el rancho? -¿De dónde sacó usted todo eso, don César? -Es nada más una de las versiones sobre el desacato y sus negociaciones. Hay otras.

-Nosotros, ¿jugamos en alguna? -Hasta ahora en ninguna. Pero en todos somos espectadores. Luego pagaremos los gastos. Recuerda que en el ajedrez, para ganar o empatar, muchas veces hay que sacrificar piezas. Una torre, un alfil, incluso la reina.

-Mientras nosotros no seamos los sacrificados -comentó inquieto, intranquilo, el reportero-. Pero a todo esto, usted, ¿cuál es la opinión de usted sobre el desacato, don César? -Que hay gato encerrado. Te lo dije en nuestra charla del 25 de enero.

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