(Primera Columna publicada el 1 de junio de 2005)

Punto por punto. Así conoció Xavier Abreu Sierra las irregularidades que crecieron hasta convertirse en la crisis de los borregos.

Punto por punto. Así dijo el señor Abreu que respondería al estudio que el gobierno federal comenzó a multas de 2003 ó principios de 2004, por conducta de auditores de la Secretaría de Agricultura, para investigar las denuncias de malos manejos del dinero para los borregos.

Punto por punto, todo está bien -aseguró don Xavier a Patricio Patrón Laviada y Luis Correa Mena en una reunión que sostuvieron en el despacho del gobernador hace año y medio para saber qué estaba pasando.

De todos los puntos, lector, tú y la columna no sabemos ni una palabra. Sólo sabemos lo que nos dice Luis Correa en una entrevista que publica este periódico en otro lugar de esta sección Local.

Don Luis nos dice lo suficiente para saber que no conocemos nada. Ni siquiera una cifra de la auditoría federal. ¿Cuándo comenzó? ¿Por qué? ¿Cuál fue el resultado? Si todo estaba bien, ¿por qué acabó tan mal? No punto por punto, sino a cucharadas ha estado sacando el Diario, a lo largo de este mes, las comas y las sílabas de este caso que cada día se prolonga en más puntos suspensivos y nuevas escenas que nos llevan a suponer que estamos a la mitad de una película de largo metraje.

La auditoría externa que el gobernador propone para que lleguemos al final corre el peligro de ser un episodio más. Aquí, en este espacio, se ha propuesto una “vía rápida” a la crisis de los borregos. Una vía rápida que despeje el camino a la verdad. El “fast track” de una comisión del Congreso.

Una comisión de diputados, la mitad por lo menos de la oposición, que vaya a las granjas de las cooperativas a practicar un reconocimiento de las instalaciones, averiguará la suerte que corrieron los borregos, a recoger los agravios de los campesinos que la Secretaría de Desarrollo Social no quiso atender porque “la ropa sucia no se lava en público”.

Una comisión que no tenga un cordón umbilical que la una al gobierno del estado y le impida lavar en audiencias públicas la ropa sucia del desarrollo social. La ropa interior, sobre todo. La que no se ve debajo del disfraz.

Parte del oficio de gobernar que hemos olvidado es que el Congreso y los partidos políticos, sobre todo el partido en el poder, son vigilantes natos del Ejecutivo. No deben esperar que se les sugiera, que se les empuje: debe partir de ellos la iniciativa de investigar, apenas brote, un problema como éste de los ovinos.

Una comisión mixta del Congreso es la mejor aliada de un gobernador que quiere dejar constancia de que por encima de cualquier otro compromiso está su lealtad al pueblo, su buena voluntad de servirlo más allá de los intereses confesionales de la política partidista.

Pero es al partido en el poder, en este caso el PAN, al que desde luego conviene un dictamen expedito, independiente y convincente sobre la crisis de los borregos. En cualquier circunstancia el partido “oficial”, como nos hemos acostumbrado a decir, debe ser el primero en vigilar que las autoridades egresadas de sus filas lo dejen bien parado ante la opinión pública. Un buen gobernante es una invitación a votar de nuevo por el instituto que lo postuló.

Esta vigilancia del PAN a su gobernador, a sus alcaldes, es hoy más valiosa para el partido porque estamos cerca de elegir a los candidatos para las elecciones de 2007. La mejor propaganda para su candidato a la gubernatura es el acierto de Patricio Patrón en el puente ejecutivo. Quien más apoyará a su candidato a la alcaldía meridana es Manuel Fuentes si estamos contentos de su actuación en la Comuna.

El éxito pasa no pocas veces por errores corregidos a tiempo. Para enmendarlos, claro, primero se necesita conocerlos. Una exposición pública cabal de los errores, con la buena fe que caracteriza a la intención vertical, es firme garantía de rectificación. La rectificación que busca proteger los intereses del pueblo, no el pasado o el presente de los políticos. Ni mucho menos su futuro.

El caso de los borregos nos puede enseñar a poner pronto el punto y aparte de los problemas de Yucatán. Sin punto y seguido, sin comas, sin cucharadas que convierten los problemas en crisis y las crisis en partos de los montes que dan a luz nuevos problemas …y así sucesivamente hasta que se impone la aplicación de uno de los remedios más efectivos de la democracia: la alternancia en el poder.

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