(Primera Columna publicada el 11 de noviembre de 2003)

En la banca de costumbre, el reportero informó a César Pompeyo de la concurrencia a la cena de gala que le dio a Monseñor Berlie, en el Hotel Hyatt, con motivo del vigésimo aniversario de su consagración episcopal.

“¿A que no sabe usted quién estaba allá, don César? Ni se lo puede usted imaginar: ¡Angel Prieto, el presidente del Tribunal Superior de Justicia!””¿Cómo lo hizo? ¿Se coló?”.

“Yo creo que fue requerido, don César, porque estaba en la mesa principal, con don Emilio Carlos y otros políticos. En la foto se les veía encantados. Véalo usted”.

“Los que vean esa foto no van a estar tan encantados. No te quejes después si te cancelan suscripciones. ¿Te dijeron cómo fue que lo invitaron?”

“Oficialmente no, pero alguien sugirió que por razones religiosas, porque…”

“¿Porque es un angelito?”.

“Tal vez. Ya sabes usted que de todo hay en la viña del Señor. ¿Por qué no va a haber de todo en las cenas?”.

“Antes no era así. Acuérdate lo que dijo don Fernando Ruiz Solórzano cuando vino a Mérida el presidente del PRI, que entonces era Alfonso Martínez Domínguez: “Ni Iglesia política, ni Estado sacristán”.

“Ya llovió, don César. Ahora ni el Estado es político ni la Iglesia sacristán. Ya no son escrupulosos en eso de la separación entre clero y gobierno…””Por eso se han separado algunos hermanos…”Varias monjas salieron de Catedral y caminaron hacia la banca. Pompeyo y el periodista se callaron. Uno, dos minutos de silencio. Cuando pasó el peligro se reanudó la charla:”¿De qué hablaron en la cena, reportero? ¿De justicia? ¿Sobre las cosas que le dicen a don Angel en el juicio político?”.

“Esos temas no se tocan en la Iglesia, don César. Además, los magistrados tienen derecho a hablar, no los condene usted sin oírlos como hace Leticia”.

“¿La de Felipe?””No, esa es con ‘zeta’. La de Armando”.

“Cuidado, reportero, ese tema está en el “índice”: no se puede tocar en las sacristías. A las cenas pueden ir ángeles, arcángeles, serafines, hasta Ligia, pues dicen que lo cortés no quita lo cristiano, pero hasta allá. Todo tiene un límite. Hay casos en que la Jerarquía no…””No se desvíe, don César: no se salga de la cena. Le aseguro que la mayoría de los feligreses ve con buenos ojos la invitación al señor Prieto”.

“Vamos a hacer una prueba con la gente que está en la Plaza, la que pase junto a la banca, reportero. Dame algunas hojas de tu bloque. Cuando pasen les pedimos su opinión sobre don Angel y la cena con don Emilio.

Que la escriban. Luego tú publicas una selección en la columna…”Don César doblaba los papelitos y los asentaba en la banca. Al cabo de una media hora suspendieron la encuesta.Pompeyo comenzó a leerlos en voz alta…””Este no te lo van a aceptar en el periódico”.

“Si publico éste, don César, no me van a dar la comunión”.

“Este tampoco, reportero: te van a sacar del Movimiento Familiar”.

“Este menos: no me dejarán entrar a otra cena”.

Asustados, leyeron 15, 20 opiniones más. Todas impublicables.

No todas las monjitas se habían ido.

Una, que se quedó detrás de la banca, los interrumpió sonriente: “Publiquen todo, señores, no se asusten. Ya vivimos en otra época. Si ustedes, los laicos, no nos dicen lo que piensan de nosotros, los sacerdotes y las religiosas, ¿cómo lo vamos a saber? Si ustedes que están junto a nosotros, no nos dicen cómo nos vemos, ¿cómo quieren que nos cuidemos? Si ustedes se quedan mudos, no se quejen de que estamos sordos. Ya pasó el tiempo de dar, rezar y callar. Hay que seguir dando, más de lo que damos hoy, pero tienen que aprender a hablar Y nosotros nos acostumbramos a hablar se entiende la gente”.

“¿Qué vamos a entender, Madre?”

“Que tienen que rezar más por nosotros, mucho, mucho más, no sólo en la misa, cuando el Padre nos pide oraciones por Su Santidad el Papa, Juan Pablo II; por nuestro Obispo, Emilio Carlos… Ora pro nobis, don César; ora pro nobis, reportero”.

La monjita abrió su devocionario, sacó dos estampitas y se las regaló.

Dos estampitas de la Ultima Cena.

Ojalá.

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