(Primera Columna publicada el 3 de junio de 2005)
En una de sus pláticas de Plaza Grande, que algunas veces piden hospitalidad a la columna, don César Pompeyo o el reportero, alguno de los dos, expresó la opinión de que no criticaba al PRI ni al PRD porque no tienen remedio. ¿Para qué tratar de curarlos si no pueden ni quieren sanar? Una opinión muy personal por cierto, sea del reportero o el señor Pompeyo. La columna se reserva la suya. Es demasiado pronto para externarla, sobre todo después de la disposición cívica en que Federico Granja Ricalde se ha instalado respecto a la llamada crisis de los corderos.
Con su experiencia de ex diputado, ex senador, ex alcalde y ex gobernador, el señor Granja Ricalde se ha manifestado a favor de que la Legislatura forme una comisión mixta que investigue a los pormenores y pormayores de la crisis, en sus escenarios campesinos y tronados, hasta que salga a flote lo hundido en los recovecos.
Aunque la comisión mixta fue propuesta por la columna, no es por gratitud que se elogie aquí la actitud de don Federico. Entendemos que ha comprendido que el procedimiento sugerido es la vía rápida para resolver a favor de Yucatán un problema que ha abierto varias bocas que no han podido hasta ahora cerrarlo. Ni solas, ni juntas, ni revueltas.
Quizás el señor Granja ha entendido también que la comisión mixta es una señal de advertencia que puede prevenir otras crisis por medio de la vigilancia que el Congreso ejerza para localizar oportunamente los focos rojos que se enciendan en el estado.
Don Federico, casi sobra decirlo, es el jefe de la bancada del PRI en la Legislatura, pero no suele abusar de este cargo. Con frecuencia, según nos dicen, permite que otros diputados de su partido asuman la iniciativa.
Esta prudencia, que permite guardar posiciones equidistantes que no molestan a nadie, porque no están tan cerca ni tan lejos, esta prudencia, repetimos, podría estar relacionada con las versiones que extienden la veterana carrera política del señor Granja y la camino de nuevo a la presidencia municipal capitalina.
No todos ven el horizonte con las mismas luces que Federico Granja. Al jefe de la diputación panista, Benito Rosel Isaac, no le entusiasma la idea de la comisión mixta: no la aprueba. Tal vez prefiera que las bocas abiertas sigan hablando, incluso ante los legisladores, a ver si logran ponerse de acuerdo y salir del enredo de los corderos.
A los señores del “tramafax” ovino que han dicho esta boca es mía se les puede convocar a una junta conciliatoria en el Congreso para que ventilen sus puntos de vista, uno frente a otro, y se pongan los puntos sobre las íes. Ver juntos a Xavier Abreu, Luis Correa, Luis Medina, Jorge Dorantes, José Castañeda y Oswaldo Cámara en la Legislatura sería, además de un precedente democrático fundacional, una experiencia saludable que podría llamar sin más balidos ni berridos el escándalo de los corderos y aclarar, de paso, el horizonte de las precandidaturas del PAN.
Los puntos de vista discrepantes en el seno de la Cámara se pueden conciliar o someter a votación. La columna no se sabe de memoria el reglamento, pero a primera vista parece factible que el PRI, sus socios del PRD y alguno que otro desertor consigan la mayoría necesaria para aplicar a los corderos la terapia de la comisión mixta aunque los panistas no vean con buenos ojos que la Legislatura vigile tanto al Ejecutivo porque el gobernador es de casa.
El PRI y su jefe podrían, si nadie más quiere acompañarles, asumir, en la defensa de los dineros del pueblo y la moral administrativa, una posición unilateral que a la hora de las elecciones sus candidatos canjearían por votos.
A esta alturas de nuestro sexenio, todo lo que hagan las autoridades y los partidos se cotizan inmediatamente en el mercado electoral. La pasarela política ya está tendida. En el desfile que se ve venir, entre tanto tuerto, tullido, apaleado, lelo, sordomudo o lengualarga, ¿quedará algún sano? Ojalá que no sea necesario una largavista, porque el bueno se quedó lejos. O un microscopio, porque ni de cerca se ve uno.
