(Primera Columna publicada el 10 de mayo de 2005)
Joven locutora de la llamada televisión nacional le pregunta a un representante del personal directivo del Diario: “¿De veras está usted convencido, seguro de que el caso Medina Abraham es un suicidio?”
-Seguros, señora, sólo pueden estar Dios y Armando Medina Millet -contesta el periodista-. De lo que nosotros estamos convencidos, seguros, es de que son falsas todas las pruebas que se han presentado para denunciar un homicidio.
-Pero no se guía sólo de mi palabra -añade-: lea algunos de estos artículos e informaciones que le voy a dar. Si usted es una persona de buena fe, de buena voluntad, verá pronto, sin necesidad de leerlos todos, que a la luz de la ciencia y la ley, la versión de homicidio es insostenible en su totalidad. No está de acuerdo ni con la lógica. Bueno, se opone al mismo sentido común. Ya lo verás usted.
Entonces, se puede preguntar al lector, si es fácil comprobar que la acusación de homicidio es desmentida por la ciencia, inadmisible frente a la ley, reñida con la lógica y rechazada por el sentido común, ¿por qué Medina Millet está en la cárcel desde hace más de nueve años?
Las respuestas son varias. Una debilidad aguda del gobierno de Vicente Fox. La influencia de una mafia infiltrada en altas esferas del poder político, militar y religioso. La indefensión en que voluntariamente hemos caído como sociedad, víctimas de la apatía, inconsciencia o irresponsabilidad que se derivan de una confusión sobre la jerarquía de los valores humanos. Indefensión que se debe también a la renuncia de las instituciones y las clases rectoras a dar el ejemplo que les corresponden.
La columna prefiere hoy examinar otra respuesta. Veamos. La joven locutora, adoctrinada quizás, o tal vez contratada de antemano, no leyó las pruebas de que la acusación de homicidio es falsa. O se comportó como si no las hubiera leído. Hizo lo mismo que las autoridades judiciales que han conocido de las apelaciones y otros recursos interpuestos por el acusado contra la sentencia condenatoria y los procedimientos utilizados para dictarla y confirmarla: no los leen o fingen que no lo hacen.
Retorciendo la ley hasta acomodarla a los intereses subterráneos que defienden y protegen, esas autoridades encuentran o fabrican el pretexto para fallar contra los alegatos presentados por Armando sin refutarlos, sin estudiarlos siquiera. ¿Compromisos inconfesables? ¿Miedo? ¿Dinero? No es éste, ahora, el momento para abrir de nuevas entrañas de la corrupción que han sido ya exploradas con profundidad quirúrgica en la columna, en editoriales e informaciones de este periódico.
Así, como nadie quería torear al toro, el caso Medina Abraham ha recalado en la Suprema Corte de Justicia, que mañana miércoles dictará y dará a conocer su fallo, según informa por internet su calendario de actividades.
El ponente de la resolución, los demás ministros que la votarán, ¿han estudiado al detalle las apelaciones de la defensa? ¿Reflejará su decisión el análisis, punto por punto, que en Yucatán sólo ha querido hacer el magistrado Jorge Luis Rodríguez Losa en un documento jurídico que absolvió al acusado? ¿O encontrará el primer tribunal del país un modo de salirse por la tangente, juzgar el caso sólo por la forma y excusarse de entrar a conocerlo a fondo?
El caso Medina Abraham es para la Corte un desafío de interés nacional, por la importancia que revisa para la vigencia de la legalidad en los procedimientos judiciales. De la magnitud de este reto rinden testimonio las siguientes preguntas:
¿Convalidará la Suprema Corte un juicio viciado de origen, porque las evidencias, bases de la acusación, quedaron contaminadas desde antes de la investigación judicial de la muerte de Flora Ileana Abraham Mafud, por una falta absoluta del aseguramiento y la protección prescritas por la ley para impedir manipulaciones?
¿Aceptará la validez de evidencias que, además, durante la investigación fueron puestas, sin custodia oficial, a disposición de abogados y peritos de la parte acusadora que incluso las llevaron al extranjero?
Si tú disparas un arma de fuego, lector, no hay poder humano que te quite las huellas. Ni que te laves 20 veces las manos. Es una verdad científica comprobada y admitida alrededor del mundo. ¿Aceptará la Suprema Corte la acusación de que Medina Millet se lavó las manos, después de matar a Flora Ileana, y por eso salió limpio de la prueba del rodizonato de sodio?
Esta prueba sirve para determinar si una persona disparó un arma de fuego o no. La única manera de que tus manos, lector, se impregnen de pólvora y otros residuos químicos acompañantes es que tú aprietes el gatillo. No existe otro modo. Es un principio universal de criminalística que no tiene excepción. Las manos de la joven Abraham estaban impregnadas de los residuos de un disparo. ¿Aceptará la Corte las explicaciones de que la occisa se saturó de pólvora al levantar las manos, para protegerse, o se la transfirió Medina Millet, al transportarla a la clínica? ¿Aceptará la Corte estas versiones desautorizadas, hoy como ayer, por experimentos practicados con rigor científico?
Recordemos la prueba de Walker, esencial para la sentencia de homicidio porque sirvió para determinar que el disparo se hizo a una distancia que imposibilita el suicidio. ¿Aceptará la Corte esta prueba que según su propio autor, el químico Ríos Covián, no tiene validez jurídica ni científica por la sencilla razón de que, como él mismo ha confesado ante las autoridades judiciales, no sabía cómo ejecutarla ni tenía los elementos adecuados para hacerla?
¿Qué salidas tendrá la Corte de este atolladero en que la hemos metido? Pongámosles número:
1. Estudiar la apelación a fondo, aceptar la impugnación de la sentencia y disponer la libertad inmediata e incondicional del acusado.
2. Si no quiere, por alguna razón o sinrazón, pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad, pero tampoco desea ser cómplice de una injusticia, asociarse a la ocultación de la verdad y sentar estos funestos precedentes, la Corte se puede escapar por el atajo de una resolución tibia que no lastime tanto a la mafia: dictaminar que el juicio es inválido, porque las evidencias no tenían valor jurídico, y disponer la libertad de Medina sin entrar al estudio a fondo de la apelación.
3. Devolverles la pelota a las autoridades locales y ordenarles que repongan el procedimiento. Veamos algunas posibilidades:
a) La Corte podría decirle al Tribunal Superior que acepte las 20 pruebas de inocencia que le rechazó a Medina Millet en la apelación, las estudie y rinda los dictámenes consiguientes, como lo hizo el Dr. Rodríguez Losa. En menudo aprieto se verían los magistrados. Otro magno escándalo en el horizonte.
b) El Tribunal Superior, a su vez, dispone que la jueza Leticia Cobá Magaña abra de nuevo el juicio y acepte, entre otras rectificaciones, a testigos, preguntas, testimonios y pruebas que rechazó sin sustento jurídico para hacerlo.
Se podría armar la de Dios es Cristo. Recordemos que en el juicio se ha visto sólo una de las caras de la muerte de Flora Ileana: la correspondiente a la acusación de homicidio, porque la jueza impidió a rajatabla el examen y debate de la versión de suicidio.
La devolución de la pelota pondría al caso Medina Abraham en una situación tan curiosa como inédita: el principal acusador, que es la Procuraduría, ya reconoció que son falsas las bases de su acusación.
4. La Corte puede, claro, sacarse de la manga la carta de un parrafito, excavado de alguna oscura, honda caverna de la ley, que le sirva de pretexto para cerrar los ojos y confirmar a ciegas la sentencia. Sería una excusa para abstenerse de conocer de las impugnaciones, porque, si las estudian, es inevitable que absuelva al acusado. Aquí no vemos otro camino.
Si la Suprema Corte de Justicia quiere hacer honor a su nombre, el caso Medina Abraham es una oportunidad de oro. Pronto lo veremos en un fallo que coincidirá con la visita que el presidente Fox hará mañana miércoles a Yucatán. ¿Casualidad? ¿O una oportunidad de oro servida, en bandeja de plata, para rescatar a la Federación, sin que cante la palinodia de las incomodidades morales y éticas de una posición desconectada de la ley e incomunicada con la decencia?
