(Artículo publicado el 6 de julio de 2006)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Como don Juan Tenorio, el señor López Obrador puede afirmar con certeza incuestionable: “A los palacios subí ya las cabañas bajé, y dondequiera que fui el escándalo conmigo”. La cita de los versos famosos no es exacta en cuanto fidelidad: hemos unido el principio de una estrofa con el final de otra; pero sirve para empezar a decir por qué pensamos que Andrés Manuel está confirmando que es hoy lo que se esperaba, o temía, desde el principio de la campaña: el político número uno de México.

La comprobada popularidad que acompaña a su personalidad polémica y su postura contestataria en los asuntos fundamentales del país, perfilada ésta por su inconformidad electoral, le han valido dentro y fuera del país una atención que hemos visto en muy pocas ocasiones, si es que alguna vez.

Si el triunfo en los comicios es para Felipe Calderón, el panista lo alcanzará en estatura nacional como consecuencia de la exposición que tiene un presidente, sólo López Obrador o su partido pueden malograr el destino manifiesto que le vislumbramos como líder de la oposición y candidato lógico, si no principal, a la presidencia de la república dentro de seis años.

Esto supone que Andrés Manuel demostrará, con el ejercicio responsable de la oposición, que su ascenso por las escalas del poder no busca como meta el beneficio solitario de su facción política o el encumbramiento a como dé lugar de sus aspiraciones personales, en un protagonismo cimentado en la explotación sistemática y demagógica de las necesidades del pueblo.

Nos urge tener frente a las autoridades federales un político que encabece una observación permanente, una vigilancia crítica que aleje del sectarismo visceral el análisis de los problemas y la toma de decisiones, acercándolo al criterio que apoya y facilita, vengan de donde vengan, las iniciativas provechosas para la nación, aunque favorezcan al prestigio del adversario.

Sería éste el punto de partida de una candidatura que al margen de las querencias partidistas, o por encima, sea una promesa de bienestar para todos. Un gobierno en que se fomenta que la riqueza de los capaces sea un instrumento efectivo para acortar las distancias económicas que separan a las clases sociales del país, en vez de apartarlas con una táctica de confrontación que divide a los mexicanos en vez de unirlos.

López Obrador está ante una oportunidad de oro que no sólo él, con un personalismo conflictivo y subversivo, puede desperdiciar. En el señor del PRD, una contienda fratricida por el poder, espoleada por las ambiciones personales, puede negarle al partido el liderazgo que hoy ofrece los millones de sufragios acumulados por su candidato presidencial. En Michoacán, Zacatecas y Baja California Sur, territorios reconocidos del PRD, donde se podía esperar una avalancha de votos para el partido, su victoria era precaria. Una señal de que los cabecillas locales no están alineados con las perspectivas de Andrés Manuel y pueden verlo como un competidor a quien hay que frenar, no como un aliado o jefe a quien hay que secundar.

Desde aquí expresamos la esperanza en que, si los mexicanos no lo han designado presidente, López Obrador sea en la oposición un político que por su desempeño patriótico obliga a Felipe Calderón y al PAN a esmerarse en el cumplimiento de las promesas de buen gobierno, en la selección de buenos candidatos, así que pena de perder las próximas elecciones presidenciales ante el líder y popular de una oposición efectiva y respetable. Sería el mejor resultado de la contienda de 2006.

Terminamos con la cita exacta del verso de Zorrilla: “A los palacios subí ya las cabañas bajé, y dondequiera que fui con las honras acabé”. Si se dirige en sentido contrario a don Juan Tenorio, el señor López Obrador encontrará menos piedras en el camino para llegar a donde parece que no pudo esta vez.

Las piedras pueden haber sido definitivas. No se regatean méritos a Felipe Calderón, que los tiene y muy visibles, si consideramos que el factor decisivo en estas elecciones fue el temor organizado a que Andrés Manuel sea presidente. Temor que se puede desvanecer si López Obrador retiene su clasificación actual de político número uno de México.- Mérida, Yucatán, miércoles 5 de julio de 2006.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán